En Bangkok, ‘El club de lucha’ se vuelve una realidad

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Una mezcla de focos potentes y farolas callejeras iluminan una salvaje pelea clandestina entre dos hombres furiosos y descamisados, alentados por una multitud junto a un paso a desnivel de Bangkok.

En la capital de este país, conocido por su escena de artes marciales, luchadores aficionados se encuentran regularmente para intercambiar sangre y moratones en el clandestino ‘Fight Club Thailand’.

Aunque el duelo parece un combate de boxeo especialmente frenético, el decorado –rodeado de contenedores de mercancías en un barrio pobre cercano al puerto– está lejos de los deslumbrantes estadios del muay thai, el boxeo tailandés.

‘Aquí no necesitas saber cómo luchar. Solo necesitas corazón y eso es todo’, dice el cofundador de este club, Chana Worasart, de 30 años, a la AFP.

Fundó el club en 2016, parcialmente inspirado por la película de culto protagonizada por Brad Pitt y Edward Norton, para permitir a los luchadores poner a prueba sus habilidades o, simplemente, dar rienda suelta a su agresividad.

‘Creo que la popularidad responde a la variedad de ocupaciones y estilos de combate, que son diferentes a los estilos en el ring profesional’, afirma.

Este es el encanto para el contendiente de 23 años Surathat Sakulchue, propietario de una tienda de alimentación.

‘Es bastante distinto’ de las peleas tradicionales, dice a la AFP, que espera repartir (y recibir) golpes usando sus cuatro extremidades. Además, ‘luchar con contenedores rodeándonos es divertido y excitante’.

– ‘Violencia en amistad’ –

A diferencia de la famosa frase de la película que prohíbe a los combatientes hablar del club con otras personas, el grupo de Bangkok se autodenomina ‘el ring que convierte la violencia en amistad’.

Ya se han convertido en una sensación local, con un grupo privado de Facebook que ya ha llegado a 73.000 miembros mientras se corre la voz de estas peleas clandestinas.

Los luchadores deben ir a por todo durante un asalto de tres minutos en el que no se declara ni un ganador ni un vencedor. Pero hay algunas normas: los codazos, agarrar o lanzar al oponente al suelo o golpearle la nuca está estrictamente prohibido.

Evidentemente, estos encuentros no han pasado desapercibidos para la policía tailandesa.

Las autoridades fueron alertadas en 2016 de estos combates, que pueden vulnerar la Ley de Boxeo tailandesa y pueden ser castigados con penas de un año de cárcel y multas de hasta 600 dólares. Entonces apareció una pequeña presencia policial, pero las peleas continuaron adelante.

Los responsables del club aseguran que su actividad no se rige por la Ley de Boxeo y su cofundador Chana afirma que el grupo está aprobado por la administración provincial.

‘No me opongo a la idea de convertir estas peleas en legales y autorizadas. Pero al mismo tiempo, no podemos perder la identidad clandestina, así que la pregunta es: ¿Dónde está el equilibrio?’, argumenta.

– Patada, gancho y al suelo –

Quedan muy lejos los inicios del club, donde no había reglas claras. Ahora hay guías para el combate, procedimientos de selección, una firma de aceptación del riesgo por parte de los luchadores, equipamiento de protección y asistencia médica.

‘No pedimos a los luchadores que se maten entre ellos. Si estáis muy cansado o muy herido para continuar, entonces paramos la pelea’, dice Chana cuando está a punto de empezar un combate.

Después de mostrar su respetos con un saludo con las manos juntas y tocarse los guantes con su contrincante, Ilya Ostroushcenko va a por faena: arranca con una patada en el torso, varios golpes encadenados y un gancho de izquierda directo al rostro que deja a su rival tumbado en el suelo.

La multitud ruge con entusiasmo: ‘Somchai, Somchai’, un nombre común para chicos en Tailandia con el que los aficionados han rebautizado al luchador ruso.

Aparentemente frío y compuesto durante la pelea, el ruso de 22 años reconoce a la AFP que es un saco de nervios antes de entrar en el ring clandestino.

‘Mis manos tiemblan. Mis rodillas tiemblan también. Pero cuando salgo al centro, me siento bien’.

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