El primer ministro de Sri Lanka dimite tras los violentos enfrentamientos

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Un diputado del partido gobernante en Sri Lanka mató a un manifestante y después se suicidó. Este pequeño país sufre una grave escasez de alimentos, combustible y medicamentos

El primer ministro de Sri Lanka, Mahinda Rajapaksa, renunció este lunes, informó su portavoz, poco después de violentos enfrentamientos entre sus simpatizantes y manifestantes antigubernamentales que dejaron dos muertos y unos 140 heridos.

El responsable de 76 años envió su carta de renuncia a su hermano menor el presidente Gotabaya Rajapaksa abriendo el camino para un «nuevo gobierno de unidad», afirmó el portavoz, Rohan Weliwita.

La policía de Sri Lanka decretó un toque de queda en Colombo, la capital, tras los enfrentamientos, en los que un diputado del partido gobernante mató a un manifestante y luego se suicidó. El diputado Amarakeerthi Athukorala abrió fuego e hirió de gravedad a dos personas que bloqueaban su coche en Nittambuwa, y fue luego fue encontrado sin vida tras intentar refugiarse en un edificio cercano, dijo la policía.

Los enfrentamientos entre simpatizantes del gobierno y manifestantes antigubernamentales han dejado unos 140 heridos admitidos en el hospital nacional de la capital, indicó una vocera de ese establecimiento.

Partidarios del Gobierno participaron en una reunión que contó con la intervención del primer ministro y hermano del actual presidente, antes de que una multitud decidiera caminar hacia las acampadas cercanas a la residencia oficial del primer ministro y la secretaría presidencial donde desde hace un mes miles de personas piden la dimisión del Ejecutivo.

Dos testigos, que pidieron el anonimato, afirmaron que los simpatizantes de Rajapaksa, armados con palos y barras de hierro, atacaron a decenas de manifestantes antes de destrozar varias tiendas de la acampada.

«Atacaron con palos mientras gritaban palabras ofensivas», dijo un manifestante a los periodistas mientras le sangraba la nariz y aseguraba que la policía presenciaba los disturbios.

La policía esrilanquesa utilizó cañones de agua y gases lacrimógenos para dispersar a la multitud, y reforzó la seguridad en la zona presidencial para evitar más violencia.

Desde hace meses, este pequeño país insular de 22 millones de habitantes del sur de Asia, independiente desde 1948, sufre de grave escasez de productos alimentarios, combustible y medicamentos.

El colapso económico comenzó a sentirse después de que la pandemia de coronavirus cortara los ingresos por turismo y remesas. Los manifestantes llevaban semanas exigiendo la renuncia del mandatario, acusado de provocar la crisis.

El país decretó el pasado viernes el estado de emergencia con el objetivo de aminorar las protestas que, sin embargo, se intensificaron durante el fin de semana ante la falta de bienes básicos y de gas para cocinar.

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