Los inversores europeos le dan la espalda a China

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Pese a que Pekín está relajando sus medidas anticovid, las tensiones entre la Unión Eurpea y China han escalado. Entre tanto, las empresas europeas han virado sus inversiones hacia el sudeste asiático.

Tras las protestas masivas de noviembre, las autoridades chinas desmontaron la mayoría de las restricciones anticovid, y a partir de este mes los visitantes a China ya no tendrán que soportar arduas cuarentenas.

Sin embargo, las políticas de «cero-Covid», ya menoscabaron la relación de muchas compañías europeas con ese país. «La suerte ya está echada» en lo que respecta a la desvinculación de China y la diversificación de las cadenas de suministro, señala Chris Humphrey, director ejecutivo del Consejo Empresarial UE-ASEAN. «El sudeste asiático se ha beneficiado de ello, con una mayor afluencia de inversión extranjera directa», añade.

Los Estados miembros de la UE invirtieron alrededor de 26.500 millones de dólares (25.140 millones de euros) en los 10 países de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) en 2021, la mayor tasa anual registrada, según datos de la ASEAN. En 2020 fueron 18.500 millones y en 2019, 6.100 millones.

En una cumbre entre los líderes de la UE y la ASEAN en diciembre, en Bruselas, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, prometió además la inversión de 10.000 millones de euros en la región como parte de la estrategia de la UE «Global Gateway», un contrapeso al proyecto chino «Belt and Road».

Las tensiones entre la UE y Pekín empeoraron significativamente en 2021, sobre todo después de que la UE sancionó a varios funcionarios chinos por presuntos abusos contra la minoría uigur en la región noroccidental de Xinjiang, a lo que Pekín respondió sancionando a varios políticos europeos. Esto acabó con el Acuerdo Global de Inversión UE-China que se había firmado a finales de 2020.

Cambio de tendencias

Las estrictas restricciones de Pekín por el coronavirus fueron uno de los principales disuasores  de los inversores sobre los mercados chinos. Y aunque China está flexibilizando ahora sus medidas, se teme que las autoridades den marcha atrás o que se disparen las muertes por COVID-19. Recientes modelos de datos de The Economist han pronosticado hasta 1,5 millones de muertes por el virus para marzo.

Otro motivo de preocupación es la rivalidad entre Estados Unidos y China. Según Frederick Kliem, investigador y profesor de la S Rajaratnam School of International Studies de Singapur, EE.UU. podría imponer nuevas sanciones a China, que los europeos tendrían que cumplir.

Según un estudio publicado por Rhodium Group en septiembre, la inversión europea en China se concentra cada vez más en torno a un puñado de grandes empresas, en su mayoría alemanas. Los tres grandes fabricantes de automóviles de Alemania -Volkswagen, BMW y Daimler- y su grupo químico BASF representaron un tercio de toda la inversión europea en China entre 2018 y 2021, según el informe. Los diez principales inversores europeos representaron el 71 % de toda la inversión en China en 2021, y la friolera del 88 % en 2019.

La ASEAN atrae la inversión europea 

Al mismo tiempo, los países del Sudeste Asiático están atrayendo a varios inversores europeos. Por ejemplo, el gigante danés de juguetería LEGO Group puso en noviembre la primera piedra de su fábrica de 1.000 millones de euros en Vietnam. Y la empresa holandesa Harvest Waste planea construir en Cebú, Filipinas, la planta de conversión de residuos en energía más avanzada de Asia.

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