Japón y EEUU refuerzan su alianza de seguridad frente a la amenaza de China y Corea del Norte

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Japón hace tiempo que abandonó su pacifismo y su rearme no deja de incrementarse, empujado por el desafío militar de China y la amenaza nuclear de Corea del Norte. El primer ministro Fumio Kishida acaba de visitar a Joe Biden y ambos dirigentes se han comprometido a modernizar su alianza militar para reforzar las «capacidades defensivas» niponas y así disuadir eventuales ataques que por ahora no se van a producir, pese a la tensión en la península coreana y a la cada vez mayor militarización en el Nordeste Asiático.

El Indo-Pacífico es un centro de gravedad vital, como también lo es el interés chino en hegemonizar todos los litigios en los mares Meridional y Oriental en su afán de controlarlos con la resistencia de Washington. China no dejará de presionar a Taiwán, y Taipéi, que acaba de ampliar a un año el servicio militar obligatorio, sigue confiando en el plan de Seguridad con Estados Unidos que blinda la isla con 10.000 millones de dólares en cinco años para su programa de armamento y para proteger así los afanes expansivos de Pekín.

Una región que cada vez está más militarizada por ese temor de Japón, aliada de Taiwán, certificado la semana pasada en Washington por Fumio Kishida dando el mayor giro desde la Segunda Guerra Mundial en su política de Defensa, para contener el auge militar de China y mantener la posición de EEUU, su mejor aliado en Asia, junto a Corea del Sur, en su objetivo de fortalecer la dominación de EEUU en el Asia-Pacífico.

Japón ha metido en su programa de Defensa unos 300.000 millones de euros, o sea, el 2 por ciento de su PIB, basándose en las amenazas, como resalta Tokio, de China, Rusia y Corea del Norte, un espectacular rearme que rompe con su vieja tradición pacifista heredada de su derrota en la IIGM y que tiene como objetivo plantar cara a China, que no ha dejado de criticar a Japón y a EEUU.

Ahora, con sus «nueva estrategia de seguridad nacional», las Fuerzas de Autodefensa niponas, el Ejército japonés, ejerce un nuevo protagonismo que obviamente no dejará indiferente a China, dado que si Tokio compra misiles Tomahawk estadounidenses y sigue aumentando su presupuesto militar, su seguridad estará más protegida ante el rearme nuclear norcoreano, el expansionismo chino en la región y las difíciles relaciones con Rusia al mantenerse aún los litigios territoriales en las islas Kuriles, latentes aún desde el final de la Segunda Guerra Mundial y que impiden la firma de un tratado de paz siete décadas después.

Pero mientras Fumio Kishida tiene que afrontar su crisis interna, con cuatro de sus ministros que ya han renunciado desde que nombró a su Gabinete el pasado verano por algunos escándalos que salpican al Ejecutivo nipón, cuya popularidad ha caído en picado, el primer ministro realizó una importante gira que le llevó a Francia y al Reino Unido para luego cerrar su periplo en EEUU.

Fumio Kishida firmó con el primer ministro británico, Rishi Sunak, un histórico acuerdo de defensa que permitirá que las Fuerzas Armadas de ambos países desplegarse en sus respectivos territorios. El Acuerdo de Acceso Recíproco, firmado por Japón y el Reino Unido tras años de negociación, es el primero de este tipo en Europa y el mayor del Reino Unido con el país asiático desde 1902.

La disputa taiwanesa continuará en 2023 y el apoyo de Estados Unidos a Taiwán será la principal causa de tensión entre Washington y Pekín, un conflicto que ya en 2022 fue considerado junto a la guerra de Ucrania los dos mayores polvorines de la escena internacional, con una China deseosa de «agarrar» a Taiwán, que por ahora no lo va a hacer, pero sí se originarán tensiones que desembocaran en una mayor incertidumbre en la región.

Y para rematar la situación en la región, donde la península coreana sigue siendo un foco de tensión, aunque difícil, por no decir casi imposible, de un conflicto armado, el presidente surcoreano, el conservador Yoon Suk-yeol, señala que Corea del Sur podría fabricar su propio arsenal ante la amenaza de Corea del Norte, es decir, desarrollar sus propias armas nucleares o incluso, yendo más allá, que podría pedir a EEUU la posibilidad del despliegue de armas nucleares en suelo surcoreano. Difícil, casi imposible, pero con ello la reacción de Pekín y Pyongyang sería demoledora y además Rusia no se quedaría, pese a su desastre bélico en Ucrania, con los brazos cruzados.

Hay que resaltar que Corea del Sur es signataria del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) que prohíbe al país buscar armas nucleares. Incluso en 1991 firmó con el Norte una declaración conjunta donde ambas Coreas pactaron no probar, fabricar o almacenar armas nucleares. Un acuerdo que Pyongyang ha incumplido, ejecutando seis pruebas nucleares desde entonces, y el líder Kim Jong-un quiere expandir su arsenal nuclear, incluso usarlo contra Seúl, según fuentes surcoreanas.

La militarización en el Nordeste Asiático está servida, incluso con un buen repertorio para esta misma semana con las maniobras conjuntas de aviones de caza entre Japón e India, dos países que no aprueban la política hegemónica de Pekín en la zona y contrarios al creciente poderío militar de la República Popular China. Y sin olvidar que Tokio y Nueva Delhi forman parte del grupo Quad junto a Australia y EEUU, un marco de seguridad multilateral de Defensa que busca consolidarse como un contrapeso a la creciente influencia de Pekín en la región, en la que japoneses e indios mantienen disputan territoriales con el gigante asiático dentro de las tensiones actuales de Asia-Pacífico.

Veremos qué ocurre en la cumbre del G7 en Hiroshima (Japón) de mayo próximo y también en la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) en San Francisco (EEUU) en noviembre próximo. La evolución de los acontecimientos a la largo de 2023 puede determinar si se ha reforzado la globalización, cada vez más herida por la inmersión de los nuevos bloques internacionales, o se han polarizado aún más los escenarios geopolíticos de ese nuevo mundo que parece que todos quieren diseñar pero del que todavía ni conocemos a fondo sus coordenadas y menos sus recetas globales. Eso sí, todos queremos un mundo nuevo.

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