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Dialogue Earth: Brasil ha dejado claro desde hace tiempo su compromiso con la autonomía y la no alineación en su política exterior. Dados los cambios políticos en curso, en particular las recientes elecciones estadounidenses, ¿ve algún reto en este sentido, o cambios de alineación, en particular con respecto al clima y el medioambiente?
Maiara Folly: Brasil intenta adoptar un enfoque pragmático con buenas relaciones con China y Estados Unidos. Hasta cierto punto -con algunas excepciones en el periodo del ex presidente Jair Bolsonaro- ha tenido éxito en alcanzar ese equilibrio. Brasil tiene una buena relación con ambas partes, pero la elección de Donald Trump hará que la política exterior brasileña trabaje un poco más. No es ningún secreto que Lula y Trump tienen una visión muy diferente de la geopolítica y en temas específicos como la agenda climática y de derechos humanos, que han ganado protagonismo en la política exterior brasileña.
Lula tiene mucha experiencia y está muy implicado en política exterior, e intentará mantener una buena relación pragmática con Estados Unidos. Veremos un mayor papel de los actores subnacionales en la relación bilateral, como parlamentarios y gobernadores estatales. Sin embargo, podría crear un problema en cuanto a los espacios multilaterales. Podríamos asistir a una salida de la administración estadounidense del Acuerdo de París, y Brasil será la sede de la COP30. Mantener el compromiso estadounidense en el espacio climático será importante para Brasil.
Parece haber una creciente coincidencia entre las visiones de China y Brasil sobre el desarrollo, el medioambiente y la
solidaridad Sur-Sur
. ¿Cómo describiría la asociación entre ambos países y su futuro?
La relación bilateral ha ganado más protagonismo, y China es el mayor socio comercial de Brasil. Hay mucha preocupación entre los grupos ecologistas por las repercusiones de la relación comercial con China, que piden que la sostenibilidad forme parte de la relación bilateral. Pero hemos visto un gran interés por ambas partes en garantizar que así sea.
China es el principal importador de productos que ejercen presión en la Amazonía, y su postura es no interferir en la legislación y la política de otros países. Esto genera confianza en Brasil, teniendo en cuenta las medidas comerciales de la UE [como su normativa contra la deforestación, muy criticada en Brasil]. El hecho de que China tenga un enfoque diferente crea una oportunidad para una relación positiva.
a reciente visita del líder chino Xi Jinping a Brasil con motivo de la cumbre del G20 supuso el refuerzo de los estrechos lazos entre ambos países, con la firma de 37 nuevos acuerdos y promesas de una colaboración aún más intensa.
China es el mayor socio comercial de Brasil desde 2009, con un comercio bidireccional que alcanzó los 157.500 millones de dólares en 2023, y se ha posicionado como inversor y proveedor clave en la expansión de las energías renovables, las infraestructuras y la fabricación de vehículos eléctricos del país sudamericano, entre otros sectores.
A pesar de las crecientes especulaciones previas a la reunión bilateral, el presidente brasileño Lula de Silva no se unió finalmente a la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, por sus siglas en inglés), la emblemática iniciativa china de infraestructuras globales. Sin embargo, los dos países acordaron “encontrar sinergias” entre la BRI y las propias estrategias de desarrollo de Brasil. También prometieron incrementar el diálogo entre China y el bloque comercial Mercosur.
En una entrevista concedida a Dialogue Earth con motivo de la cumbre climática COP29 en Azerbaiyán, Maiara Folly, cofundadora y directora ejecutiva del think tank brasileño de asuntos exteriores Plataforma CIPÓ, defendió que ambos países pueden trabajar juntos para potenciar la sostenibilidad. Folly también reflexionó sobre el papel de Brasil en la diplomacia mundial en materia de clima y energía, a través de instituciones como el G20 y los BRICS, así como sobre las posiciones de socios como Estados Unidos y la Unión Europea en las transiciones verdes.
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