Cómo China podría salvar la economía mundial de la recesión en 2023

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Durante las últimas semanas, las noticias de la reapertura de China –luego de tres años de medidas para limitar la transmisión de covid-19–, se han hecho comunes y los mercados empiezan a moverse y a hacer apuestas sobre los que serían los efectos económicos de la reapertura de una de las economías más grandes del mundo.

La velocidad de la reapertura podría tener varios impactos en la economía mundial en un momento de baja demanda por productos chinos. Si es acelerada, podría impulsar nuevamente una subida de los precios de los commodities y su demanda al mundo podría evitar la temida recesión.

También se podría presentar un nuevo boom en los precios de las materias primas, lo que sería una gran noticia para los países que las exportan, muchos de ellos ubicados en América Latina.

Javier Mejía, profesor de la Universidad de Stanford, explica que para América Latina se podría esperar “algo muy parecido a lo que fue el boom de commodities de 2000. Es decir, altos precios de petróleo, soya, cobre, etcétera. Eso sería bueno especialmente para Suramérica –en países como Venezuela, Colombia, Argentina y Brasil– y se traduciría en diferentes variables, pero en general se podría esperar fortaleza de las monedas de los países beneficiados por esos booms y seguramente mejoras en condiciones de vida, tal como pasó con el boom previo”.

Robin Brooks, economista jefe del Instituto de Finanzas Internacional, explicó el pasado 12 de enero que hay tres factores importantes para los mercados emergentes en este año: la caída de la inflación en Estados Unidos, el final de las medidas contra el covid en China y los altos precios de los commodities. Y demostró que estos factores ya están beneficiando a las monedas de América Latina, con México a la cabeza.

No todo lo que brilla es oro

Sin embargo, el impacto de China dependerá de la magnitud y la velocidad de su recuperación. Si es grande, y por lo tanto el boom de commodities también es amplio, igual que sucedió a principios de siglo, los países latinoamericanos podrían volver a tener sus reducciones más profundas en pobreza y desigualdad.

Pero Mejía advierte: “Hay gente que dice que China está a capacidad máxima y habla incluso del desgaste del modelo de desarrollo chino. Incluso si ese es el caso, solo la relajación de medidas anticovid podría ampliar el crecimiento de corto plazo de ese país entre 3 y 4 puntos porcentuales, y eso ya es una inyección de demanda gigante para la economía mundial y para ciertos mercados, como los emergentes”.

El caso de Colombia

Aunque una parte de la inflación del país se debe a factores de oferta y choques externos, así como a las consecuencias de hechos políticos de 2021 y 2022, buena parte también es consecuencia de una demanda que crece más rápido que la capacidad de producción de la economía.

Las tasas de interés del Banco de la República tienen un retraso de entre 12 y 18 meses para empezar a hacer efecto en la economía, e incluso hay algunas que pueden tardar más de 20 meses, según el sector financiero. Mientras ese proceso surte su efecto, el nuevo Gobierno ha mostrado que su enfoque es el del gasto y prepara una adición presupuestal para este mismo año.

En ese contexto, un mayor precio del petróleo y los ingresos adicionales que eso significaría para la economía colombiana podrían tener los dos efectos opuestos: una inflación que caiga más rápido o una que se tarde más en bajar.

Por un lado, mayores ingresos y mayor demanda en una economía que ya ha demostrado estar por encima de sus capacidades le dificultarían más la tarea al Banco de la República, y la meta del 3 por ciento de inflación podría estar más lejos por cuenta del mayor gasto y consumo.

Por el otro lado, el petróleo sigue siendo el principal producto de exportación de Colombia y su mayor precio significaría que entrarían más dólares al país; por lo tanto, el precio de la divisa caería, lo que mejoraría el balance comercial y aliviaría la inflación mediante las importaciones.

En ese mismo sentido, un dólar más barato hace que la deuda externa del país sea menos costosa solo por un tema de tasa de cambio y eso ayuda a corregir los famosos déficits gemelos: déficit fiscal y déficit de cuenta corriente. Esto, a su vez, concluyó Mejía, “aliviaría incentivos a aumentar impuestos en el futuro, lo cual debería ir en la dirección opuesta a la inflación desbordándose”.

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