Sectores beneficiados y una agenda comercial de largo plazo
Entre los sectores más favorecidos se encuentran la carne ovina, la lana, el carbón y más del 95% de los productos forestales, que tendrán acceso inmediato libre de aranceles. También se destacan ventajas clave para frutas como manzanas, kiwis, cerezas, aguacates y arándanos, además de productos lácteos de alto valor, miel de mnuka y vino. En este último caso, los aranceles se reducirán gradualmente desde niveles extremos de hasta el 150% hasta rangos del 25% o 50% en un plazo de diez años.
El TLC va mucho más allá del comercio de bienes. Incluye una amplia cobertura de servicios, apoyada en compromisos de la India ante la OMC, con especial foco en servicios financieros, pagos electrónicos y tecnología financiera. Además, incorpora cláusulas de nación más favorecida que buscan blindar el acceso futuro de Nueva Zelanda frente a posibles acuerdos indios con otros países.
El acuerdo también contempla reglas de indicaciones geográficas para proteger productos emblemáticos, mecanismos automáticos de consulta si la India concede mejores condiciones a terceros y un compromiso de revisión un año después de su entrada en vigor, con el objetivo de profundizar la liberalización. En materia laboral, prevé un promedio de 1.667 visas anuales de trabajo calificado por tres años, destinadas a sectores estratégicos como salud, educación, TIC e ingeniería, además de cupos para programas de vacaciones y trabajo.
La contracara argentina: altos aranceles y ausencia de estrategia
Mientras Nueva Zelanda consolida su inserción en el mercado indio, el contraste con Argentina resulta cada vez más evidente. En términos arancelarios, la diferencia es contundente: Chile y Nueva Zelanda accederán a la India con arancel 0%, Australia se encuentra en una etapa de transición hacia su TLC —con un arancel actual del 15%—, mientras que Argentina enfrenta un 30%, una carga que reduce drásticamente la competitividad de sus exportaciones.
Esta situación no responde a una falta de potencial productivo, sino a la ausencia de una política exterior y comercial definida y sostenida en el tiempo. Con o sin Mercosur, está claro que la Argentina debería cambiar su estrategia para lograr posicionarse en los mercado internacionales. Los vaivenes internos, la falta de consensos básicos y los cambios de rumbo han dejado al país al margen de negociaciones clave, incluso con países donde existen claras complementariedades económicas.
El costo de esta indefinición es concreto: oportunidades perdidas en alimentos, agroindustria y economías regionales, menor previsibilidad para los exportadores y una inserción internacional cada vez más rezagada. En un mundo donde el comercio se estructura crecientemente en torno a acuerdos preferenciales, no firmar TLCs no es una posición neutral, sino una desventaja estructural.
El acuerdo entre Nueva Zelanda e India funciona así como un espejo incómodo para Argentina. Mientras algunos países avanzan con una estrategia clara y pragmática, otros siguen pagando el precio de la indefinición. La pregunta que queda abierta es cuánto tiempo más podrá Argentina sostener aranceles del 30% en uno de los mercados más grandes y dinámicos del planeta sin resignar desarrollo, empleo y crecimiento.
Fuente: beehive.govt.nz con aportes de Redacción +P.
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