El Banco de Japón mantiene inalterada su política monetaria ultraflexible pese al repunte de la inflación

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El banco central japonés mantendrá un tope del 0,5% para el rendimiento de los bonos a diez años y una tasa de interés del -0,1% para los bonos a corto plazo

El Banco de Japón (BoJ) ha decidido mantener inalteradas las principales medidas de su política monetaria ultraflexible, incluido su tope del 0,5% para el rendimiento de los bonos a diez años, a pesar del reciente repunte en sus ganancias. En diciembre, el banco central japonés sorprendió a los mercados ampliando el rango dentro del cual permite que fluctúe el rendimiento de esos bonos, medida que los inversores percibieron como el preludio de un futuro endurecimiento de la política monetaria nipona. Sin embargo, este miércoles, los nueve miembros del consejo del Banco de Japón han votado por unanimidad conservar sin cambios su política de control de la curva de tipos a largo y corto plazo.

El yen se desplomó bruscamente tras la decisión del Banco de Japón. La moneda asiática ha caído un 2,3% frente al dólar y se encamina a su peor jornada desde marzo de 2020, cuando estalló la pandemia. El euro ganó un 2% hasta los 141,1 yenes y la libra esterlina subió más de un 2% hasta los 160,71 yenes. Algunos inversores han estado apostando a que el BOJ se verá obligado a ajustar, o incluso desmantelar, su política monetaria ultraflexible al considerar que no puede sostener el volumen masivo de compra de bonos necesario para defender el tope de los bonos.

Después de dos días de reunión mensual sobre política monetaria, el instituto emisor japonés ha anunciado que mantendrá en el -0,1% la tasa de interés de los bonos a corto plazo y que continuará con la compra de cantidades ilimitadas de deuda pública japonesa en forma de bonos a diez años, con el objetivo de mantener su control sobre la curva de rendimiento en torno al 0%, aunque permitirá oscilaciones dentro de la franja de los 50 puntos básicos. Antes del encuentro, los rendimientos de los bonos a diez años superaron repetidamente el límite máximo fijado del 0,5%, lo que obligó a finales de la semana pasada al banco central a comprar volúmenes récord de bonos.

De acuerdo con el periódico financiero Nikkei, los economistas japoneses esperaban esta decisión, ya que la mayoría consideraba que el banco central necesita tiempo para evaluar el impacto de su ajuste de diciembre, cuando amplió la banda de rendimiento de 25 puntos básicos a 50. “Creo que no había otra opción. Si el Banco de Japón ampliaba la horquilla de rendimientos a largo plazo no podría mantener los rendimientos a diez años en torno al 0%. El problema es que crecen los riesgos de posibles efectos secundarios, puesto que la liquidez del mercado no deja de disminuir”, opina Nabuyasu Atago, economista jefe de Ichiyoshi Securities. “Esas consecuencias podrían provocar una ruptura del mecanismo del mercado, por lo que habrá que prestar atención a si el Banco de Japón realmente tiene motivos suficientes para mantener la tasa de interés a diez años en 0%”, añade.

Muchos analistas sostienen que mantener los tipos de interés tan bajos será insostenible en medio de la presente coyuntura inflacionaria. El Índice de Precios al Consumo (IPC) de Tokio, que se utiliza como barómetro adelantado de lo que ocurrirá en el resto de la nación, alcanzó un 4% interanual en diciembre, su nivel más alto en cuatro décadas, el doble de la cifra fijada por el banco central para mantener la estabilidad de precios. Sin embargo, las autoridades monetarias niponas consideran que esta situación es transitoria, por tratarse de un reflejo de lo que está ocurriendo en el resto de países ante el encarecimiento global de las materias primas y la energía.

Bajo esa premisa, el gobernador del Banco de Japón, Haruhiko Kuroda, quien lleva en el cargo desde 2013 y es uno de los principales defensores de la estrategia ultraflexible nipona para combatir la deflación, ya adelantó en diciembre que la economía japonesa no está preparada para asimilar un alza de los tipos. Kuroda presidirá su última reunión el 9 y 10 de marzo, antes de que finalice su mandato el 8 de abril. Muchos analistas consideran improbable que se produzcan cambios en la política antes del 31 de marzo, cuando termina el año fiscal de muchas empresas locales.

“Preocupa especialmente cuánto subirán los rendimientos de los bonos del gobierno a diez años si el Banco de Japón abandona su política de control. ¿Se estabilizaría en torno al 1% o se dispararía de golpe al 2%? Si se pone fin al control de la curva de rendimiento podrían producirse turbulencias en la economía y los mercados. Es difícil prever cómo se avanzará hacia una salida”, comenta Takeshi Minami, economista jefe del instituto de investigación Norinchukin.

En un informe separado, el Banco de Japón también ha publicado sus proyecciones de inflación y crecimiento económico para el ejercicio fiscal 2022-2024. La entidad prevé que la inflación alcance el 3% para el ejercicio fiscal que termina en marzo, una subida con respecto al 2,9% de octubre. La previsión para el año siguiente se mantiene en el 1,6%, mientras que la del año fiscal 2024 pasa del 1,6% al 1,8%.

Debido a las diferencias entre la política monetaria del Banco de Japón y la de otras entidades de referencia, como la Reserva Federal estadounidense o el Banco Central Europeo, el yen sufrió a lo largo de 2022 una fuerte devaluación frente al dólar y el euro. Aunque la divisa nipona se recuperó en cierta medida tras el ajuste del mes pasado, inmediatamente después del anuncio de este miércoles cayó más de dos unidades frente al dólar.

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