EEUU y Japón preparan un acuerdo de inversión de 550.000 millones de dólares ligado a la reducción de aranceles, especialmente en autos. El plan apunta a sectores estratégicos como chips y tierras raras, aunque persisten diferencias: Washington exige un pacto escrito y Tokio prefiere un compromiso flexible. Trump lo presenta como una victoria para EE. UU., mientras Japón insiste en beneficios mutuos. Pese a la falta de claridad, el primer ministro Ishiba ha ganado apoyo político gracias al acuerdo.