Bangkok, en aprietos: caen las exportaciones de arroz

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En dos años, las exportaciones se redujeron, pasando de 11 millones de toneladas a 5,7 millones. El derrumbe se atribuye a las desafortunadas políticas económicas frente a los competidores de la región y al aumento de los costes de transporte. Los institutos de crédito internacionales advierten sobre el creciente impacto del cambio climático en la agricultura.

Tailandia ha pasado de ser la reina de las exportaciones de arroz a una mera patrulla especial. Y esto, mientras toda Asia plantea interrogantes por el suministro de alimentos a causa del conflicto en Ucrania. Pero lo cierto es que las dificultades del sector arrocero tailandés se remontan a 2012 y tienen su raíz  en una serie de factores: entre ellos, las contingencias internacionales, una persistente crisis política interna y el otorgamiento de subsidios insostenibles.

Todas las políticas económicas adoptadas hasta la fecha han fracasado: la productividad por hectárea ha sido baja en comparación con los países vecinos (hasta un 50% menos en algunas variedades), mientras que los altos costes de almacenamiento y los precios -entre 100 y 150 dólares más altos que los de los competidores- han impedido el despegue de las exportaciones tailandesas. El primado ha quedado en manos de la India y Vietnam, que han aplicado políticas más agresivas y coherentes.

En un contexto mundial de abundancia de producto y caída de precios, Tailandia ha reaccionado obligando a los productores a reducir las cosechas para evitar una acumulación de producto sin vender, con las inevitables consecuencias sociales. La contracción de las exportaciones de arroz ha sido especialmente fuerte en los últimos años, pasando de 11,2 millones de toneladas en 2018 (sobre un total de casi 21 millones de toneladas producidas) a 5,7 millones en 2020 (sobre menos de 18 millones de toneladas producidas). A esto se sumó otro lastre ligado a la moneda local, el baht, que se ha devaluado frente a otras divisas regionales e internacionales como consecuencia de los menores ingresos en varios sectores, entre ellos el turismo.

Los competidores también se han visto favorecidos por la proximidad a los principales mercados continentales. Las exportaciones de arroz tailandés, en cambio, están marcadas por el aumento de los costes de transporte, ya que la demanda de variedades muy apreciadas procede de mercados más alejados.

Otro factor que impacta en las políticas productivas de muchas naciones -y Tailandia no es una excepción-  es la amenaza medioambiental: según el Global Climate Risk Index 2021, el país se encuentra entre los 10 más afectados por los efectos del cambio climático. Desde muchos sectores -entre ellos, más recientemente, el Asian Development Bank y el Banco Mundial- alertan sobre la persistencia de los fenómenos meteorológicos adversos y piden a Bangkok tomar decisiones difíciles, que requieren calibrar la producción, la calidad y la rentabilidad de su arroz en un mercado en evolución.

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