Friday, July 24, 2026

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Tensión y desconfianza crónicas: un año del enfrentamiento entre Tailandia y Camboya

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 El conflicto armado entre Tailandia y Camboya, de cuyo inicio se cumple este viernes un año, tuvo su último brote de hostilidades en diciembre, tras uno previo en julio, que en total dejaron más de un centenar de fallecidos y cientos de miles de desplazados, aunque «la situación sigue tensa» entre estos dos países vecinos enfrentados históricamente.

«Las relaciones bilaterales siguen siendo malas. Marcada por la historia y agravada por el sangriento conflicto armado del año pasado, existe una profunda crisis de confianza entre ambos reinos», asegura a EFE el analista de políticas públicas y director de programas del ‘think tank’ Future Forum, Chhengpor Aun.

«La situación sigue siendo tensa, las tropas se encuentran muy próximas entre sí y pueden producirse accidentes», añade por su parte Matt Wheeler, analista sénior para el Sudeste Asiático de la ONG internacional Crisis Group, en una valoración para EFE.

Tailandia y Camboya arrastran un histórico conflicto por la soberanía de algunos territorios pegados a su frontera compartida -de casi 820 kilómetros y cartografiada por Francia en 1907, cuando Camboya era su colonia-, un asunto que Bangkok aboga por resolver bilateralmente, mientras Nom Pen lo elevó a la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en junio del año pasado.

Tras más de una década de tensa paz, el 24 de julio de 2025 la tensión escaló hasta traducirse en un enfrentamiento armado que ambas partes siguen a día de hoy acusándose de haber iniciado, en medio de una tregua «precaria», según el analista geopolítico camboyano Seng Vanly.

Los dos países no cruzan fuego desde diciembre, una calma para la que fueron necesarios dos acuerdos de alto el fuego, mediación estadounidense, llamamientos a la paz de actores como la ONU, la Unión Europea o el papa León XIV y un cambio de Gobierno en Tailandia.

La primera oleada de ataques, con disparos, lanzamientos de proyectiles y bombardeos que causaron alrededor de medio centenar de muertes -si bien Nom Pen rechazaba informar de bajas militares-, duró cinco días, desatada por un recrudecimiento de tensiones derivado de la muerte de un soldado camboyano en una escaramuza un mes antes.

Después de cuatro meses de tregua, la violencia rebrotó el 7 de diciembre: ambos Ejércitos se enfrentaron durante 20 días, cobrándose más de un centenar de vidas, aunque las cifras, que fueron otra arma en la guerra, diferían entre los bandos a diario.

Los desplazados a ambos lados de la divisoria llegaron a superar el medio millón.

Las refriegas iniciales se concentraron en las provincias fronterizas tailandesas de Surin, Ubon Ratchathani y Buriram, y en las camboyanas Preah Vihear y Oddar Meanchey, pero fueron extendiéndose a otras como Sisaket, Trat y Chanthaburi (Tailandia), donde hay zonas en disputa.

El primer brote de enfrentamientos cesó después de que el entonces primer ministro interino tailandés, Phumtham Wechayachai, y el líder camboyano, Hun Manet, sellaran en Malasia un alto el fuego mediado por el presidente estadounidense, Donald Trump, que, sin embargo, no garantizó la paz.

Tan solo un día después de la firma, Tailandia acusó de violar la tregua a Camboya, que no tardó en devolverle el mismo reproche, aunque, tras una semana de tensiones, acordaron mantener el pacto.

Tras ello, para dejar constancia de su contribución a la distensión, Trump encabezó una ceremonia de paz entre las partes durante la cumbre de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) y países aliados celebrada en octubre en Kuala Lumpur.

El episodio de diciembre también contó con mediación de Estados Unidos y cesó con una declaración de paz firmada por el entonces titular de Defensa tailandés, Nattaphon Narkphanit, y su par camboyano, Tea Seiha.

Durante esa segunda oleada de ataques, el actual primer ministro tailandés, Anutin Charnvirakul, que entonces gobernaba en minoría, propuso elecciones anticipadas.

Terminó imponiéndose en las urnas el 8 de febrero al frente del partido conservador Bhumjaithai, impulsado por el sentimiento nacionalista suscitado por el conflicto, en un país cuya escena política está muy influenciada por el Ejército y la monarquía.

La cuestión fronteriza es uno de los principales escollos en las relaciones entre Bangkok y Nom Pen, pero el estallido del conflicto después de una década de paz levantó especulaciones sobre las verdaderas razones del enfrentamiento, más allá de la soberanía de un puñado de territorios y templos.

Entre otras teorías, la ex primera ministra Paetongtarn Shinawatra, suspendida en medio de la crisis, y la oposición camboyana señalaron como posible detonante campañas para desmantelar los centros de estafa que proliferan desde hace décadas en el Sudeste Asiático, puntos de ciberfraude global determinantes para la economía de Nom Pen.

Con el Ejército tailandés controlando zonas anteriormente bajo dominio camboyano como consecuencia de los combates, según analistas sobre el terreno, «no se pueden descartar por completo» nuevos enfrentamientos, asevera Chhengpor Aun.

«Es un conflicto congelado y seguirá siéndolo mientras la demarcación fronteriza siga pendiente», concluye el camboyano. EFE

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