Se ha dado a conocer recientemente que EE.UU. y Japón acordaron cuadruplicar la producción del SM-3 IIA, el más avanzado misil antiaéreo de sus destructores, como parte de una estrategia conjunta para reforzar la disuasión en la región Asia-Pacífico. La decisión fue incluida en el documento final publicado por la Casa Blanca tras la cumbre bilateral, donde también se destacó la importancia de la seguridad en el estrecho de Taiwán.
El texto oficial señaló que la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, y el presidente de EE.UU., Donald Trump, coincidieron en que “la paz y la estabilidad en el estrecho de Taiwán son indispensables para la seguridad regional y la prosperidad mundial”. Asimismo, ambas partes expresaron su “oposición a cualquier intento unilateral de cambiar el statu quo por medio de la fuerza o la intimidación”, reafirmando una postura común frente a eventuales tensiones en la zona.
La inclusión de la cuestión taiwanesa en el documento final marca un cambio respecto a encuentros anteriores, donde el tema había sido tratado con mayor cautela. Durante una reunión previa en octubre en Tokio, EE.UU. evitó emitir una declaración explícita sobre Taiwán, en un contexto de preparativos diplomáticos con China. Sin embargo, en esta ocasión, Japón impulsó la reincorporación del tema en la agenda conjunta.
En el plano militar, el acuerdo para incrementar la producción del SM-3 Block IIA representa uno de los ejes centrales de la cooperación bilateral. Este interceptor de misiles balísticos, desarrollado conjuntamente por ambos países, está diseñado para contrarrestar amenazas de corto y medio alcance. Su esquema de producción se basa en una división industrial en la que Japón fabrica componentes clave, mientras que Estados Unidos se encarga de la integración y fabricación final.
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