El presidente surcoreano y su esposa han visitado el altar erigido en memoria de las 154 víctimas de la estampida durante una fiesta de Halloween. El dirigente ha prometido que acometerá todos los cambios que sean necesarios para que una tragedia de esa magnitud no se vuelva a repetir. La población no entiende cómo pueden pasar cosas así. «Es como la guerra. Creo que si alguien hubiera prestado más atención a lo que estaba pasando, este accidente no hubiera ocurrido», señala este hombre. Corea trata de recomponerse tras esta tragedia.
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