viernes, enero 30, 2026

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China se une a un país de América Latina ante las tensiones con Estados Unidos

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En un mundo donde los grandes tableros de poder parecen moverse con más prisa que las corrientes oceánicas, la llamada entre Xi Jinping y un presidente de América Latina fue como un susurro estratégico que ecualizó las tensiones en Bruselas, Washington y China.

El presidente de China tomó el teléfono y aseguró a la mayor economía de América Latina que no está solo en estos tiempos turbulentos. Todos los detalles.

En el intercambio, que duró alrededor de 45 minutos, Xi enfatizó que China respaldará no solo a Brasil, sino también a todo el sur global, una vasta geografía de países que comparten sueños de desarrollo, equidad y un mayor protagonismo en las decisiones que moldean el planeta.

Días antes, Lula había criticado con firmeza un ataque militar de Estados Unidos en Venezuela, un gesto que reverberó como un eco de preocupación en muchos gobiernos de América Latina, que temen que la fuerza predomine sobre el diálogo en asuntos soberanos.

Xi habló de salvaguardar intereses comunes, de fortalecer el papel de las Naciones Unidas y de cooperar bajo el paraguas del multilateralismo, como si las palabras, en tiempos de incertidumbre, aún tuvieran peso real en la política internacional. Sus declaraciones, reproducidas por medios estatales, describen una China que busca tejer una comunidad de futuro compartido con países como Brasil, basada en respeto mutuo, desarrollo conjunto y una visión compartida de la justicia global.

¿Qué significa esta alianza entre América Latina y China?

No es solo una promesa retórica. Desde la visita histórica de Xi a Brasil en 2024, las relaciones entre ambos países se han elevado a una asociación estratégica, tocando no solo la economía y la infraestructura, sino también la seguridad, el comercio y la defensa de posiciones conjuntas en foros internacionales. Esta alianza se presenta como una alternativa a los tradicionales vínculos geopolíticos que han dominado décadas de relación global.

Para Brasil, recibir las palabras de apoyo chinas en medio de una coyuntura internacional volátil, donde los principios de soberanía y no intervención se debaten a diario, tiene un sabor profundo. Es una reafirmación de su papel emergente como puente entre hemisferios y como actor principal del Sur Global. Para China, es la consolidación de una presencia diplomática que ya no se limita al comercio y la inversión, sino que se proyecta como sólido respaldo político en un mundo donde los equilibrios tradicionales se reconfiguran.

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