La primera ministra
Sanae Takaichi no debería contar con la ayuda del Banco de Japón para frenar las fuertes subidas del rendimiento de los bonos, dado el enorme coste que supone la intervención, incluido el importante riesgo de provocar caídas indeseadas del yen, según fuentes consultadas.
Los bonos estatales japoneses (JGB, por sus siglas en inglés) entraron en caída libre el mes pasado, sembrando la confusión en los mercados de deuda mundiales, después de que Takaichi convocara elecciones anticipadas y se comprometiera a suspender un impuesto sobre los alimentos durante dos años, lo que avivó los temores de que el aumento del gasto fiscal se sumara a la ya enorme deuda del país.
Los rendimientos de los bonos a muy largo plazo se dispararon hasta alcanzar máximos históricos en una debacle que recuerda al «shock Truss» de 2022, cuando el anuncio de la entonces primera ministra británica Liz Truss de grandes recortes fiscales sin financiación provocó un colapso de los bonos del Estado y un aumento histórico de los rendimientos.
Las crecientes perspectivas de que el partido de Takaichi obtenga una victoria aplastante en las elecciones del domingo y se asegure el mandato para su política fiscal expansionista han mantenido en vilo a los inversores en bonos, ante la preocupación por el deterioro de las finanzas de Japón.
La volatilidad ha despertado la alarma en el banco central, aunque tres fuentes cercanas a su forma de pensar afirman que, en esta fase, hay más riesgos que beneficios si se interviene en el mercado de bonos.
Los dirigentes económicos japoneses se enfrentan a una difícil disyuntiva, ya que deben controlar el fuerte aumento de los rendimientos de los bonos, al tiempo que tratan de apuntalar el debilitado yen mediante amenazas de intervención cambiaria.
El reto pone al Banco de Japón en un aprieto, ya que cualquier intento de mantener bajos los tipos de interés a largo plazo entraría en conflicto con su trayectoria de subida gradual de los tipos, con la que espera moderar las presiones inflacionistas derivadas de la debilidad del yen.
En una reunión sobre política monetaria celebrada los días 22 y 23 de enero, un miembro del consejo pidió vigilancia ante un «aumento unilateral» de la curva de rendimiento, mientras que otro advirtió de la alta volatilidad, especialmente de los bonos del Estado japonés a muy largo plazo, según se desprende de un resumen de opiniones.
El gobernador del Banco de Japón, Kazuo Ueda, también intensificó su advertencia al describir el ritmo de subida de los rendimientos como «bastante rápido» y reiteró la disposición del banco a actuar en circunstancias excepcionales.
NO SE ALCANZA EL UMBRAL PARA LA INTERVENCIÓN EN EL MERCADO DE BONOS
Aunque los mercados han recuperado una aparente calma, la venta masiva de bonos ha centrado la atención de los inversores en si el Banco de Japón acudiría al rescate en caso de que se produjera una nueva caída tras las elecciones.
Sin embargo, el banco central considera que los recientes movimientos del mercado no alcanzan el umbral muy alto necesario para intervenir, según fuentes que hablaron bajo condición de anonimato.
El Banco de Japón dispone de varias herramientas, como operaciones de compra de bonos no programadas y de emergencia, o el ajuste de la composición de los bonos que compra en el marco de un plan de compra trimestral.
El último recurso sería suspender o revisar por completo su programa de reducción gradual de bonos, que lleva en marcha desde 2024.
El Banco de Japón solo intervendría en caso de una venta masiva motivada por el pánico y provocada por operaciones especulativas, o de un movimiento desestabilizador que requiriera que el banco central actuara como creador de mercado de última instancia, según las fuentes, que añadieron que hasta ahora no se ha dado ninguno de estos dos escenarios.
Cualquier intervención sería también temporal, en lugar de un precursor de una reanudación sostenida del aumento de la compra de bonos, para evitar establecer una nueva línea roja en los precios de los bonos, según las fuentes.
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