El libro blanco señala que China representa el principal desafío estratégico para Japón y advierte sobre sus actividades militares en la región. “Las actividades militares y otras acciones de China son motivo de grave preocupación para Japón y la comunidad internacional, y representan el mayor desafío estratégico para Japón”, afirma el documento.
La tensión con China impulsa el aumento del gasto
La relación entre Tokio y Pekín se deterioró aún más después de que Takaichi afirmara en noviembre que Japón podría desplegar sus Fuerzas de Autodefensa si un ataque chino contra Taiwán también representaba una amenaza para la supervivencia del país.
China reaccionó con dureza y exigió que la primera ministra retirara esas declaraciones, a las que calificó como un comentario «atroz».
En paralelo, Japón avanzó con distintas medidas para financiar su mayor expansión militar desde la Segunda Guerra Mundial. Entre ellas se encuentran aumentos de impuestos, reformas del gasto público e ingresos extraordinarios, que permitieron elevar el presupuesto de defensa hasta el 2% del producto interno bruto.
El desafío de financiar un rearme histórico
Aunque el gobierno logró aprobar un presupuesto récord de 122,3 billones de yenes para el año que termina en marzo de 2027, todavía existen dudas sobre cómo se financiarán nuevos incrementos en defensa sin profundizar la presión sobre las cuentas públicas.
Además, la administración de Takaichi sumó un paquete adicional de 3,1 billones de yenes destinado a proteger a hogares y empresas frente al aumento de los costos energéticos, una medida que evidencia la competencia entre las distintas necesidades del Estado.
Hasta ahora, una parte importante del nuevo gasto militar se destinó al desarrollo de misiles capaces de alcanzar objetivos a más de 1.000 kilómetros de distancia. Para los próximos años, se espera que una proporción significativa de las inversiones esté enfocada en drones y sistemas de armas no tripuladas, similares a los utilizados por Ucrania en la guerra contra Rusia.