El plan de Xi Jinping para recomponer la economía china y restablecer amistades

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Los costes de la caótica salida de China de su política de Covid cero están aumentando. A pesar de que la cifra oficial de muertos permanece prácticamente estática, una serie de obituarios de figuras públicas de avanzada edad, desde académicos a cantantes de ópera, demuestran el impacto del virus entre su vulnerable población.

Los hospitales de varias regiones del país están desbordados, y la lucha por conseguir antivirales y analgésicos está provocando escasez en toda Asia. Previsiones no oficiales sitúan en torno al millón el número de personas que podrían morir en la oleada por la apertura en China.

Tales perspectivas no sólo dañan la imagen de Xi Jinping, el líder más poderoso de China desde Mao Zedong. También obligan a los órganos de propaganda de Pekín a esforzarse por defender sus políticas tras dos años dedicados a presentar las elevadas cifras de muertos en Occidente como prueba de la superioridad de la gobernanza china.

Pero detrás de los estragos, se está produciendo un reajuste fundamental en la política exterior y económica de Xi. Según funcionarios chinos y asesores gubernamentales, Pekín está elaborando políticas encaminadas a mejorar unos lazos diplomáticos que se han deteriorado gravemente y a impulsar una economía profundamente debilitada.

La motivación que subyace al replanteamiento deriva de una confluencia de diferentes tensiones económicas, sociales y de política exterior que han alcanzado niveles críticos, añaden los funcionarios y asesores.

Varias de las nuevas políticas y planes representan un desarrollo del «espíritu» del XX Congreso del Partido Comunista Chino celebrado en octubre, el acontecimiento más importante del calendario político chino en cinco años, que estableció el tono para una serie de objetivos a largo plazo.

Tras meses de encarnizada política interna, Xi se aseguró un tercer mandato sin precedentes como líder del PCC y pudo elegir un politburó gobernante compuesto exclusivamente por leales. Con el congreso a sus espaldas, Xi intenta ahora corregir el rumbo.

Desde el punto de vista económico, los principales objetivos son restablecer un crecimiento sólido de la ralentizada economía china, mejorar la situación de cientos de millones de trabajadores rurales chinos, estabilizar el alicaído mercado inmobiliario y apuntalar la crisis que afecta a las finanzas de decenas de gobiernos locales, según afirman funcionarios y asesores gubernamentales.

Chen Zhiwu, uno de los principales economistas que esperan que Pekín impulse una serie de políticas favorables al crecimiento, espera que el objetivo para 2023 sea «del 6% o superior», mucho más alto que la proyección del FMI del 4,4%.

«Dado que pueden aspirar a una tasa media de crecimiento del 5% y que es probable que 2022 ronde el 3%, necesitan algo en torno al 7% en 2023», afirma Chen, profesor de finanzas de la Universidad de Hong Kong. Otros economistas han pronosticado para 2023 un crecimiento del PIB superior al 5%.

Desde el punto de vista diplomático, el principal objetivo de China es mejorar sus relaciones con algunos países occidentales, tras un periodo en el que Pekín se ha sentido incómodamente aislada. La atención se centra en los lazos con Europa, muy dañados por el apoyo de China a su socio Rusia en la guerra de Moscú contra Ucrania.

«A nivel diplomático, Pekín espera no convertirse en rival de todos los países de Occidente y tampoco desea parecer aislado en los foros multilaterales», afirma Yu Jie, experto en China del think tank británico Chatham House. «La titubeante aventura militar rusa en Ucrania ha reducido significativamente la rentabilidad de la inversión de Pekín en sus lazos bilaterales con Moscú».

Mientras Xi y el presidente ruso Vladimir Putin se comprometían el mes pasado a profundizar en los lazos bilaterales, varios funcionarios chinos se esforzaban en conversaciones privadas con Financial Times por poner una clara distancia entre Pekín y Moscú en la cuestión de Ucrania, un mensaje que se ha repetido a algunos diplomáticos europeos.

Algunos son mordaces. «Putin está loco», afirma un funcionario chino que no quiso ser identificado. «La decisión de la invasión fue tomada por un grupo muy pequeño de personas. China no debería limitarse a seguir a Rusia».

Desconfianza hacia Moscú
El punto de partida del replanteamiento de la diplomacia de Xi es una reevaluación en Pekín sobre los beneficios de su estrecha relación con Moscú.

China percibe ahora la probabilidad de que Rusia no consiga imponerse a Ucrania y salga del conflicto como una «potencia menor», muy mermada económica y diplomáticamente en la escena mundial, según funcionarios chinos.

Además, a pesar de todas las muestras públicas de amistad bilateral, en privado algunos funcionarios chinos expresan al menos cierta desconfianza hacia el propio Putin.

Cinco altos funcionarios chinos con conocimiento de la situación han declarado a FT en diferentes ocasiones a lo largo de los últimos nueve meses que Moscú no informó a Pekín de su intención de lanzar una invasión total de Ucrania antes de que Putin ordenara el ataque.

Tales opiniones contradicen la impresión dada por una declaración conjunta emitida por China y Rusia el 4 de febrero tras una reunión entre Xi y Putin en Pekín, justo 20 días antes de que Rusia atacara Ucrania. En ella se proclamaba que «no hay límites a la cooperación chino-rusa… no hay zonas prohibidas».

No se ha hecho pública ninguna transcripción de la conversación, por lo que no está claro qué pasó exactamente entre Xi y Putin. Sin embargo, un funcionario declaró a FT que lo más cerca que Putin estuvo de informar a Xi fue decir que Rusia «no descartaría tomar cualquier medida posible si los separatistas del este de Ucrania atacan territorio ruso y causan desastres humanitarios».

Según el funcionario, la parte china interpretó esta postura como una señal de la posibilidad de un intervención militar limitada, no de la invasión total que lanzó Putin.

Los funcionarios chinos sostienen que la degradación en junio de Le Yucheng, que en el momento de la invasión era el secretario de Estado de Asuntos Exteriores y el principal experto en Rusia del ministerio, es una prueba de los fallos de comprensión chinos.

En los círculos oficiales chinos se hablaba mucho de Le como posible próximo ministro de Asuntos Exteriores. Ahora ocupa un puesto como subdirector de la Administración Nacional de Radio y Televisión. «Le fue degradado dos escalones en el poder», explica una persona familiarizada con el asunto. «Se le consideró responsable del fallo de inteligencia sobre la invasión rusa».

Sea cual sea la naturaleza exacta de lo que Putin le dijo a Xi, los diplomáticos chinos que tratan de rehabilitar la posición de China en Europa han mantenido en conversaciones privadas que Pekín desconocía la intención de Moscú de lanzar una invasión total, según funcionarios chinos y diplomáticos europeos.

Esta línea no es más que una rama de una estrategia más amplia encaminada a atenuar la sensación de aislamiento de China e impedir que Europa se acerque aún más a Estados Unidos.

La principal estratagema de Pekín consiste en intentar tranquilizar a sus homólogos europeos diciéndoles que está dispuesta a utilizar su cercana relación con Moscú para impedir que Putin recurra al uso de armas nucleares, afirman funcionarios chinos y europeos.

Otro aspecto de la estrategia de Pekín es posicionarse no sólo como un posible pacificador, sino también como una parte dispuesta a participar en cualquier esfuerzo de posguerra para ayudar a reconstruir Ucrania, sostienen los funcionarios chinos.

El propio Xi trató de posicionarse del lado de la paz en unas palabras que dirigió a Putin a finales del mes pasado.

«El camino hacia las conversaciones de paz no será fácil, pero mientras no se abandonen los esfuerzos, la perspectiva de la paz siempre existirá», declaró Xi. «China seguirá manteniendo una postura objetiva y justa, trabajará para unir a la comunidad internacional y desempeñará un papel constructivo en la resolución pacífica de la crisis ucraniana».

Otra señal de que China está tratando de reducir su antagonismo hacia Occidente es que ha dejado de lado a Zhao Lijian, uno de sus «lobos guerreros» diplomáticos más destacados. Zhao, ex portavoz oficial del Ministerio de Asuntos Exteriores, figura ahora como uno de los tres subdirectores de asuntos fronterizos y oceánicos, un departamento relativamente oscuro.

Zhao, que tiene 1,9 millones de seguidores en Twitter, utilizaba con frecuencia su cuenta para arremeter contra Occidente. En 2019, Susan Rice, que fue asesora de seguridad nacional de Barack Obama, tachó a Zhao de «vergüenza racista» después de que enviara un tuit provocador sobre las relaciones raciales en Washington DC.

Mientras busca reparar los lazos con las potencias europeas, Pekín insiste en que sus homólogos europeos acepten repetir un mantra de «no desacoplamiento», lo que marca una clara diferencia con Washington, que busca limitar los lazos comerciales de EEUU con China en ciertas áreas, particularmente en lo que respecta a las tecnologías sensibles.

«China se ha dado cuenta de que se ha enemistado con demasiados países al mismo tiempo, sobre todo entre los países desarrollados, que siguen siendo hoy sus principales socios comerciales y económicos», afirma Jean-Pierre Cabestan, experto en China de la Universidad Baptista de Hong Kong.

«Así que está intentando por todos los medios acercarse a la UE y a las principales naciones europeas -Alemania, Francia, Italia y España-, así como a los aliados asiáticos de EEUU, como Japón y Corea del Sur, y a socios estadounidenses como Vietnam».

La UE es el mayor socio comercial de China, y Pekín registra un enorme superávit comercial con el bloque. Asimismo, varias de las principales empresas europeas figuran entre los mayores inversores extranjeros de China.

El deseo chino de un restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Europa parece estar dando resultados significativos. A las visitas a Pekín en noviembre de Olaf Scholz, el canciller alemán, y Charles Michel, el presidente del Consejo Europeo, seguirán a principios de este año las del presidente francés Emmanuel Macron y la primera ministra italiana Giorgia Meloni.

Se espera que Macron siga los pasos de Scholz y se oponga al «desacoplamiento» de China, cediendo así a Pekín algo de terreno en su larga estrategia de sembrar la división entre las potencias europeas y EEUU.

Aunque también ha hablado de reducir la dependencia de China, Scholz dejó claro durante su visita que Berlín no sólo rechaza el «desacoplamiento», sino que ve a China como un «importante socio económico y comercial».

«Macron, como Scholz, se opone al desacoplamiento. Sigue promoviendo el compromiso», afirma Cabestan. «China intentará utilizar las ambiciones de autonomía estratégica de Macron para abrir una brecha entre Europa y EEUU».

La esperanza de que China pueda ayudar a frenar a Moscú en el uso de armamento nuclear es una potente motivación en las capitales europeas, afirman funcionarios y analistas europeos.

«China siempre se habría opuesto al uso de armas nucleares», afirma Susan Shirk, presidenta del 21st Century China Center de la Universidad de California en San Diego. «Pero cuando Xi Jinping les dice este tipo de cosas a los líderes europeos, quiere enfatizar una cierta distancia con Rusia».

Hay indicios de que la estrategia está reportando frutos a Pekín. «Las relaciones China-Europa han repuntado significativamente porque Europa no aboga por desvincularse de China y exige independencia estratégica», afirma Ding Chun, director del Centro de Estudios Europeos de la Universidad Fudan de Shanghái.

«Europa también se enfrenta a una serie de problemas como la crisis energética y la presión sobre la recuperación económica», añade Ding. «Las relaciones seguramente se estén recuperando, pero no deberíamos tener expectativas demasiado altas con respecto a hasta dónde pueden llegar».

Independientemente de las protestas de Pekín de que no recibió ningún aviso previo de Moscú, sigue existiendo un considerable escepticismo sobre los esfuerzos de China por recomponer los lazos con Europa.

Los funcionarios de la UE y los gobiernos de los Estados miembros se han quejado constantemente del apoyo de China a la guerra de Putin y de que Xi no le haya presionado para ponerle fin. Además, el hecho de que la guerra haya puesto de manifiesto la dependencia energética de la UE respecto a Rusia ha acelerado la presión para reducir su dependencia de China respecto a ciertas materias primas y bienes tecnológicos críticos.

En octubre, el servicio exterior de la UE utilizó un documento privado para instar a las capitales de la UE a endurecer su actitud hacia China, en lo que un alto funcionario de Bruselas declaró a FT que equivalía a «pasar a una lógica de competencia total [con Pekín], económica pero también política».

¿Gasto desenfrenado?
Si bien el reajuste diplomático de China está empezando a tener repercusiones en todo el mundo, en Pekín se considera más importante su estrategia para apuntalar el crecimiento económico interno. La hipótesis no probada que subyace a la estrategia a favor del crecimiento que está tomando forma es que China saldrá en los próximos meses de sus problemas económicos inducidos por el Covid.

Han Wenxiu, uno de los principales funcionarios de la influyente Comisión Central de Asuntos Financieros y Económicos, declaró en diciembre que era probable que en el primer trimestre de este año se sufriesen importantes trastornos, pero que en el segundo se esperaba una mejora económica a un «ritmo acelerado».

«Tenemos la confianza, las condiciones y la capacidad para hacer que la economía china mejore en su conjunto», afirmó Han.

Se cree que sus palabras tienen un peso adicional porque la comisión en la que trabaja está presidida por Xi.

Han destacó el sector inmobiliario y el gasto de los consumidores como dos áreas de atención. En el caso del mercado inmobiliario, que ha sido uno de los principales motores del crecimiento del PIB en las dos últimas décadas, Han anunció que «prevenir y resolver los riesgos… es una prioridad absoluta».

Los analistas interpretan sus palabras en el sentido de que Pekín planea estabilizar el mercado, que en noviembre sufrió una caída interanual de las ventas del 28,4%, en algún momento a lo largo del próximo año. Además del apoyo verbal de Han, China ha presentado 16 medidas de apoyo al mercado inmobiliario, mientras que los bancos estatales han prometido unos 256.000 millones de dólares en créditos potenciales a promotoras específicas.

El impulso del gasto de los consumidores fue otro de los temas que se trataron en la Conferencia Central de Trabajo Económico, celebrada a mediados de diciembre. Esta conferencia anual se considera especialmente relevante porque se celebró justo después del XX Congreso del Partido y, por lo tanto, puede verse como una declaración de intenciones de la nueva administración de Xi.

A largo plazo, Pekín pretende hacer realidad su objetivo de «prosperidad compartida» aumentando sustancialmente el número de personas en la banda de la «renta media», según afirman asesores gubernamentales. Pero a corto plazo, varios analistas esperan una «oleada de alivio» del gasto una vez superados los trastornos por el Covid.

Andy Rothman, un estratega de inversiones del fondo Matthews Asia, afirma que los enormes ahorros de los hogares podrían alimentar una oleada de gasto una vez culminada la salida de los confinamientos por el Covid. Señala que los saldos bancarios de las familias han aumentado un 42%, o 4,8 billones de dólares, desde principios de 2020, una cantidad superior al PIB de Reino Unido. Rothman ve un regreso al «pragmatismo» en la política económica de Pekín tras el bandazo estatista de los últimos años, y cita las promesas de Xi en el congreso del partido de «elevar la renta per cápita a nuevas cotas» y «proporcionar un entorno propicio para la empresa privada».

Los inversores de cartera parecen dispuestos a aceptar la idea de que la economía china está a punto de recuperar la salud. El índice Hang Seng de Hong Kong, un indicador de la confianza en la suerte de China, ha experimentado una fuerte recuperación desde el suelo alcanzado en octubre del año pasado.

Pero algunos analistas se muestran más dubitativos, y apuntan a la caótica salida de China de sus confinamientos.

«Con el Covid cero ya en el retrovisor, los mercados esperan una recuperación fulgurante en 2023. Y así será, en algún momento», afirma Derek Scissors, economista jefe de la empresa de estudios Beige Book. «Sin embargo, ante el maremoto de casos de Covid en curso, la caída de la inversión a mínimos de 10 trimestres y el maltrato que siguen sufriendo los nuevos pedidos, una recuperación significativa en el primer trimestre es cada vez menos realista».

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