China +1: Vietnam y la estrategia europea para dejar de depender de Pekín

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Múltiples factores apuntan a la posibilidad de que se produzca el famoso ‘decoupling’ europeo de Pekín y la apuesta por nuevos mercados de manufactura, con Hanói a la cabeza

¿Puede la Unión Europea “independizarse” de la manufactura china? La pandemia y el cierre de fábricas y puertos por los confinamientos; la Guerra de Ucrania y la sensación de un posible retorno a la geopolítica de bloques; la subida de costes chinos; el crecimiento económico de muchos países asiáticos como Vietnam, Tailandia, Malasia. Todos ellos son factores que apuntan a la posibilidad de que se produzca el famoso decoupling (desvinculación) europeo de la superpotencia asiática y la apuesta por nuevos mercados de manufactura. “La UE continuará actuando China con pragmatismo y sin ingenuidad hacia China. Nuestra relación comercial necesita más equilibrio y reciprocidad”, indicaba el pasado octubre en Berlín el comisario de Comercio europeo, Valdis Dombrovskis.

No obstante, el encargado de regular el comercio de la UE bajaba el suflé de los que creen que la pandemia supondrá ese desacoplamiento de China e incluso advertía de no caer por ello en una mayor dependencia de Estados Unidos. “La relación transatlántica se ha revitalizado, pero existen profundas preocupaciones sobre la Ley de Reducción de la Inflación de Estados Unidos y las ventajas que ofrece a las empresas estadounidenses. Los subsidios verdes previstos en la ley discriminan a las industrias automotrices, de energía renovable, de baterías y de uso intensivo de energía de la UE”, explicó Dombrovskis. Por ello, el comisario aseguró que la UE pretende tener una hoja de ruta propia para sus empresas y jugar el papel de tercera superpotencia, algo que, en este momento, es complicado.

En ese escenario entre las dos superpotencias, Europa está buscando asentarse en el campo neutral del sudeste asiático. Las oportunidades son muchas y los movimientos empiezan a producirse. La política ‘covid cero’ de China y el constante cierre de fábricas ha tenido su coste. «Se está produciendo ese movimiento de desacoplamiento, lo que se llama China +1. La pandemia ha acelerado el proceso, pero es uno que lleva produciéndose más de una década porque los costes en China no son los de hace 25 años», explica a este periódico Luis María López Moreno, Consejero Económico y Comercial de la Embajada de España en Tailandia y experto de todo este efervescente sudeste asiático en el que lleva un tiempo asentado. «Las empresas prefieren no tener toda su producción en China. Para muchas, la actual situación con la pandemia se ha convertido en complicada y optan por diversificar. En todo caso, el mercado chino sigue siendo muy interesante y desacoplar una industria es un proceso largo y costoso», puntualiza.

 

Un ejemplo de esa diversificación es el caso reciente de una gran empresa española alimentaria que tenía dos plantas en China y ha decidido ahora abrir una tercera en Tailandia. Sin embargo, hasta ahora, en esa puja de los países de ASEAN (Asociación de Naciones de Asia Sudoriental) e India por comerse parte de la tarta china, la delantera la está tomando Vietnam. El Banco de Singapur United Overseas ha estimado que el país crecerá un 8,2% en 2022, casi 1,2% puntos por encima de lo que había previsto la entidad.

Las razones del atractivo de Vietnam son variadas, pero para Europa la clave es que junto a Singapur son el único país de Asean que tiene firmado desde 2019 un tratado de libre comercio con la UE. Singapur no tiene capacidad de dar mano de obra, así que las empresas occidentales están poniendo sus ojos en estrechar lazos con el Gobierno de Hanói. “A largo plazo, Vietnam deberá enfrentar sus propias contradicciones internas políticas. Ya se habla allí, como en China, de ‘Socialismo Vietnamita’. El escollo de Vietnam es que tiene aún una mano de obra cualificada limitada, aunque está mejorando, y las empresas se están subastando a esos trabajadores”, advierte López Moreno.

 

La posición unitaria europea choca siempre con los intereses internos propios. Alemania y Francia, las dos locomotoras de la UE, tienen en el sudeste asiático intereses divergentes. Alemania se está dando de bruces con su estrategia geopolítica de los últimos años, ya que su dependencia energética de Rusia y su enorme manufactura e inversión en China son ahora un quebradero de cabeza para el Gobierno de Olaf Scholz. Por ello, el canciller ha hecho dos recientes visitas de estado en la zona: Pekín y Hanói. Asegurar una buena relación con los primeros y abrir a un nuevo mercado con los segundos forman parte de su estrategia.

 

“Alrededor de 500 empresas alemanas operan en Vietnam, de las cuales cerca de 80 tienen plantas de fabricación en el país. Muchas más buscan diversificar algunas de sus actividades fuera de China, donde operan unas 5.000 compañías germanas. Más del 90% de las empresas que planean un movimiento de este tipo miran al sudeste asiático como su opción preferida. Vietnam y Tailandia son los favoritos en la región”, explicó recientemente a Reuters Marko Walde, director de la Cámara de Comercio de Alemania en Vietnam.

Por un lado, Berlín empieza a hacer movimientos para generar ese decoupling de China. Entre otras cosas, está eliminando algunos apoyos y garantías que el propio Gobierno alemán daba a las empresas que invertían en el gigante asiático. Por otro lado, pese al covid y los movimientos geopolíticos que arrastra la Guerra de Ucrania, en el primer semestre de 2022 la economía alemana invirtió cerca de 10.000 millones de euros en China, lo que supone una cantidad récord, según un artículo de la televisión alemana estatal DW.

 

“Esto es como un concurso de belleza donde todos los países intentan captar la inversión. En los años 80 y 90, Tailandia era la favorita de los inversores, pero ahora Vietnam ha avanzado mucho. Malasia e Indonesia están ganando terreno. Cerca está el gigante indio, que se acaba de llevar allí la construcción de una gran planta de Apple«, explica López Moreno. «El problema para estos países es el ecosistema. Tailandia es el número 1 en el campo de automóviles, pero es débil en la parte electrónica que necesitan los vehículos. A Malasia le pasa justo lo contrario”, agrega.

No será fácil desacoplarse de China ni tampoco parece interesante hacerlo y abandonar su gigantesco mercado. Su política ‘covid cero’, sin embargo, ha supuesto un nuevo quebradero a los problemas ya de costes altos respecto a otros países. Un obrero en China cuesta hoy más que en muchas otras partes del mundo. Hay incluso empresas chinas que empiezan a trabajar en sectores como la automoción en sus plantas de Tailandia.

 

A la vez, hay también preocupación en Pekín por lo que perciben como un aumento de ambiente hostil en Europa. Un reciente informe de la Cámara de Comercio de China ante la UE, realizado junto a la consultora global Roland Berger, habla de una caída de confianza empresarial y un aumento del proteccionismo, lo que suponen malas noticias para un país que depende hoy del libre comercio que hace décadas abanderaba Occidente. Entre 150 empresas chinas entrevistadas que operan en la UE, un 53% creía que el entorno empresarial se había deteriorado desde mediados de 2021 y un 38% habló de un entorno político hostil que había afectado sus operaciones comerciales. “Una retórica como esta solo exacerbará el riesgo de ‘romper’ las cadenas de suministro y las cadenas de valor. Las empresas chinas en la UE esperan que el riesgo de desvinculación no se materialice, ya que conduciría a mayores costos y menor eficiencia”, advierte el documento de la cámara

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