2021/08/26 Política

El éxito de los talibanes pone a Pakistán frente al espejo

Pakistán
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El primer ministro celebra el cambio de Gobierno en Kabul pero la victoria de la milicia impone desafíos migratorios y una posible reprobación internacional a su país

Los dirigentes paquistaníes no han disimulado su alegría por el cambio de régimen en el vecino Afganistán. El primer ministro, Imran Khan, celebró que los afganos hubieran “roto las cadenas de la esclavitud”. Las simpatías no son nuevas. Los servicios secretos paquistaníes han apoyado a los talibanes desde sus orígenes, aunque luego también cooperaran con Estados Unidos en la lucha contra Al Qaeda. Pero el éxito de los islamistas radicales enfrenta a Pakistán a varios desafíos que amenazan con trasformar esa satisfacción en problemas.

El más obvio e inmediato es un éxodo de refugiados. A medio plazo, el triunfo talibán puede causar a Pakistán tensiones internas y externas, como las que ya vivió en la primera década de este siglo. Dentro, el posible efecto sobre sus propios talibanes, que ya cuestionaron al Gobierno de Islamabad en el pasado. Fuera, el eventual reproche internacional, en la medida en que los fundamentalistas afganos vuelvan a las andadas en su discriminación de las mujeres, desprecio a los derechos humanos o apoyo a otros islamistas violentos.

Pakistán siempre buscó un Gobierno afín en Kabul que le diera profundidad estratégica frente a la India, un rival con el que ha mantenido cuatro guerras desde la partición en 1947, tras la independencia del Reino Unido. Así que, tras haber nutrido a grupos yihadistas en la disputada Cachemira, sus generales vieron la oportunidad de utilizar esa misma ideología para acabar con la guerra civil de su vecino occidental y estabilizar la frontera común. Contaban con millones de refugiados afganos acogidos desde la invasión soviética, 2.640 kilómetros de frontera común, e importantes lazos tribales entre los habitantes de ambos lados.

El subproducto de aquella política fue un movimiento talibán autóctono (Tehreek-e-Taliban Pakistan, TTP) que llegó a hacerse fuerte en el noroeste del país poniendo en jaque al Gobierno de Islamabad. Desde entonces, las campañas militares, medidas políticas para desarrollar las zonas tribales (e incorporarlas a la legislación federal) y algunas concesiones, habían reducido significativamente la amenaza. Ahora, los analistas temen que la llegada al poder de los talibanes afganos envalentone al TTP y otros grupos similares.

También las afinidades tribales pueden viajar en sentido contrario. Aunque los talibanes afganos se presentan ahora como un movimiento de liberación nacional abierto al resto de las comunidades étnicas y religiosas, sus bases y sus dirigentes siguen siendo mayoritariamente pastunes, al igual que buena parte de los paquistaníes que residen al otro lado de la frontera. Ni los nacionalistas pastunes, en el norte, ni los separatistas baluches, en el sur, reconocen esa demarcación, la llamada Línea Durand, que trazaron los británicos en 1893.

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