2020/05/21 Política

La fórmula de Nueva Zelanda para eliminar la pandemia

Nueva Zelanda
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La estrategia temprana que adoptó el Gobierno de Jacinda Ardern contra la propagación de la pandemia, la situación económica del país y su ubicación geográfica propiciaron la reducción de los casos y la posterior reapertura de la nación oceánica.

La estrategia temprana que adoptó el Gobierno de Jacinda Ardern contra la propagación de la pandemia, la situación económica del país y su ubicación geográfica propiciaron la reducción de los casos y la posterior reapertura de la nación oceánica.

El país contabiliza, hasta la fecha, un total de 1.153 casos positivos y alrededor de 21 muertes, para una población de unos cinco millones de habitantes.

A inicios de mayo, las autoridades de salud reportaron solo dos nuevos casos, por lo que el gobierno comenzó la reapertura escalonada aunque, en todo momento, aclaró que el país podría permanecer en niveles de alerta durante años.

Continuemos con el trabajo, no podemos permitirnos derrochar la buena labor realizada hasta ahora, cuando nuestro objetivo está tan cerca y a nuestro alcance, indicó la primera ministra neozelandesa en una rueda de prensa televisada.

Las medidas del gobierno, elogiadas por su rápida implementación, comenzaron a finales de marzo cuando, con solo 28 casos, el país decretó confinamiento obligatorio para toda la población y cerró sus fronteras.

Los primeros sospechosos surgieron a finales de febrero, pocos días después de que Nueva Zelanda impusiera la declaración obligatoria de síntomas en las fronteras.

Ardern ordenó que todo viajero que llegara a su país, nacional o extranjero, se pusiera en cuarentena por 14 días sin excepciones, así como vetó a los cruceros, un movimiento difícil para un país muy vinculado al turismo.

Para el 19 de marzo llegó el cierre total de fronteras y el día 25 se decretó el confinamiento obligatorio de toda la población.

Nadie podía dejar su hogar, a menos de que uno de sus habitantes saliera para comprar víveres, medicinas o acudir al médico y solo se permitió hacer ejercicio o tener esparcimiento en los alrededores de casa.

También se cancelaron todas las actividades no esenciales, lo que implicó el cierre de escuelas, comercios (exceptuando los de víveres y farmacias), industrias y servicios.

Se desarrollaron campañas sobre lavado de manos, distanciamiento social, y se aplicó la estrategia de la llamada 'burbuja' de contactos.

Eso significó que los neozelandeses podían mantener contacto solo con las personas que viven en sus casas, familiares o conocidos, y con ellos practicar todo tipo de actividades sociales para lidiar con el encierro.

Además, el gobierno neozelandés también fue elogiado por la claridad de sus mensajes durante la crisis.

'Sigue las reglas y quédate en casa, actúa como si tú tuvieras Covid-19. Esto salvará vidas', decía un mensaje gubernamental enviado por celular a toda la población.

Para explicar mejor la estrategia, el Gobierno de Ardern hizo públicos más de 300 documentos sobre la respuesta a la pandemia de la Covid-19.

Uno de los primeros textos data del 28 de enero, cuando el gabinete reconoció que existía un riesgo bajo para Nueva Zelanda pero potencialmente grave para la salud pública.

Otros documentos oficiales se centran en la toma de decisiones en los niveles de alerta y restricciones, la frontera, la salud pública, la vivienda, el apoyo a los ingresos, paquetes de ayuda financieros y asuntos exteriores.

Mientras, desde el 2 de febrero autoridades de Salud mostraron evidencias sobre la gravedad de la infección a la primera ministra.

'La evidencia es que esta infección es severa y amenaza la vida de una minoría de los infectados. Sin embargo, sabemos que los virus mutan con el tiempo, lo que puede cambiar su capacidad de transmisión y la gravedad de la enfermedad que causan', se lee en uno de los documentos.

Luego de 45 días confinados, los resultados comenzaron a favorecer a los neozelandeses: el número de nuevos casos cayó hasta cifras de un dígito al día y las muertes también eran pocas.

A partir del 3 de abril, los nuevos casos se fueron reduciendo hasta llegar a menos de 10 por jornada, por lo que el pasado 28 de abril el gobierno comenzó a relajar las medidas con la autorización para el reinicio del 75 por ciento de las actividades económicas y comerciales.

La mayoría de las empresas reabrieron, incluidos los restaurantes con comida para llevar, pero no aquellos que involucran contacto cara a cara entre las personas.

No obstante, el gobierno alertó que lo neozelandeses deberán adherirse a su burbuja y mantenerse a dos metros de otras personas.

Las reuniones masivas aún están prohibidas, los centros comerciales permanecen cerrados y la mayoría de los niños no irán a la escuela, mientras la frontera permanecerá cerrada.

La ubicación geográfica de Nueva Zelanda y la facilidad de cierre de sus fronteras jugaron a su favor para la contención de la enfermedad, dicen los expertos.

Al ser un archipiélago compuesto por dos islas mayores, es posible tener un gran control de las fronteras, quién entra y qué contactos se desarrollan en el país.

Igualmente favorece el tener una población de casi cinco millones de habitantes, lo que hace que las autoridades tengan mayor control y que la gente se 'cuide entre sí'.

También su sólida economía le permitió al gabinete destinar paquetes de ayuda millonarios, tanto para empresas como para residentes.

El gobierno puso en marcha programas de apoyo económico a empresas y trabajadores independientes, los pagos de hipotecas fueron suspendidos e incluso las familias de bajos recursos recibieron módems para acceder a internet y canales de televisión educativos.

Los expertos alertan, sin embargo, que si bien es cierto que esta conjugación de condiciones favoreció al Estado oceánico, similares condiciones pueden ser difíciles de encontrar en otros países para aplicar tal estrategia de 'eliminación' de la pandemia.

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