2018/10/09 Política

Duterte elige a su hija para sucederle al frente de Filipinas

Filipinas
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Cansado de gobernar, el presidente filipino alaba a Sara Duterte-Carpio, alcaldesa de Davao, como posible sustituta

Al presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, le pesan los dos años que lleva al mando del país. El dirigente septuagenario se confiesa listo para retirarse y, contrario a encumbrar a su vicepresidenta, la opositora Leni Robredo, ve en su hija, la abogada y política Sara Duterte-Carpio, a una digna sucesora. “Si yo no puedo cumplir con mis promesas, ella lo hará”, anticipó durante su reciente viaje a Jordania. No sería la primera vez que la estrella emergente de la política filipina hereda el cargo del progenitor: ya ocurrió con la alcaldía de Davao, ocupada por Duterte-Carpio desde que su padre la dejó al ganar las elecciones de 2016.
Duterte ha manifestado por activa y por pasiva su intención de jubilarse antes de que la legislatura termine en 2022 en las últimas semanas. “Estoy cansado. Estoy listo para retirarme”, ha reiterado en sus apariciones. En un discurso televisado el jueves, el dirigente también apuntó hacia posibles problemas de salud, asegurando que espera unos resultados médicos que le podrían apartar de la presidencia: “Si es cáncer, es cáncer. Y si está en estadio tres, nada de tratamiento. No quiero prolongar mi agonía en esta oficina o en ninguna parte”, previno pesimista.
Aunque su portavoz, Harry Roque, rebajó este viernes la preocupación asegurando que si Duterte padeciera una “enfermedad seria” se informaría a la población, como dicta la Constitución, sus comentarios sobre una posible retirada son cada vez más frecuentes y alejados de la jocosidad de hace meses; entonces prometía marcharse si alguien en el país de mayoría católica probaba la existencia de Dios, o si suficientes mujeres firmaban una petición en su contra después de que diera un controvertido beso en los labios a una seguidora.
 “Se ha dado cuenta de que su luna de miel política se ha acabado”, opina Richard Heydarian, autor de El auge de Duterte. El ex alcalde de Davao ya no cuenta con los desorbitados índices de aceptación popular del inicio de mandato; han caído a un 65% este verano, el nivel más bajo en dos años. El declive no ha sido a causa de su cruenta guerra antidrogas, que ha dejado más de 7.000 muertos, sino por la débil economía que lastra al país: la inflación alcanzó el 6,4% en agosto, la más alta en casi una década, y el peso se devalúa, dificultando la meta oficial de que Filipinas crezca entre un 7% y un 8% este año. El plan de Duterte de revitalizar el país con un ambicioso programa de infraestructuras permanece estancado. Y otros de sus objetivos, como eliminar la corrupción o controlar el consumo de estupefacientes, están también lejos de cumplirse.
La ansiedad de Duterte iría en aumento a medida que se acercan las elecciones legislativas del próximo mayo, que servirán de plebiscito sobre su mandato. Con mayoría de aliados en el Congreso, el líder aspira a lograr un influjo similar sobre la cámara alta, de 24 escaños. Si no lo logra, su pretendida reforma constitucional y otras medidas estarían abocadas al fracaso, al requerir del refrendo del Senado.
Consciente de su desgaste, y en medio de los rumores sobre su posible mala salud, el dirigente busca sucesores potenciales en su entorno, incluyendo, y tal vez priorizando, el familiar. Su hija, que ya le acompañó como número dos cuando éste era el regidor de Davao, es uno de los nombres que suenan con más fuerza.
Actual alcaldesa de dicha ciudad de Mindanao, la política no solo comparte apellido y vocación con su padre. También su carácter fuerte e impetuoso. “Ella es la verdadera alfa de la familia. Podéis contar con ella. Es capaz”, enfatizó desde Jordania en septiembre. Por algo la llaman “La Púgil”: hace siete años fue grabada mientras daba un puñetazo a un policía que dirigía un desahucio en un asentamiento ilegal. Duterte-Carpio también se ha hecho fuerte en la arena política. Según una encuesta nacional del pasado junio, el 46,2% de los participantes aseguró que le daría su apoyo como candidata presidencial. Para eventualmente suceder a su padre, la política podría presentarse al Senado, considerado catapulta a la presidencia, o no hacerlo y fortalecer su nuevo partido regional (Hugpong np Pagbabao, HNP) de cara a 2022, ante las fisuras del PDP-Laban paterno.
 “Mientras, Duterte debería convencer a sus aliados políticos de la esfera local y nacional de que la apoyen”, observa Julius Trajano, analista político filipino. Entre esos apoyos destacan los hijos del difunto dictador Ferdinand Marcos (que gobernó Filipinas entre 1965 y 1986). Duterte-Carpio, de 40 años, se ha acercado especialmente a la influyente hija mayor del ex presidente, Imee Marcos, gobernadora de Ilocos Norte (norte del país). Y Duterte padre ha dado su apoyo al hermano de Imee, Ferdinand Marcos Jr, conocido como Bongbong, quien acusó ante el Supremo a la vicepresidenta Robredo de fraude electoral cuando ambos se disputaron el cargo hace dos años. Alianzas forjadas por la enemistad de ambas familias contra otra estirpe, la del ex presidente Benigno Aquino, y en el caso de Duterte también por su objetivo primordial: apartar del poder a Robredo, ante el temor de que la abogada, muy crítica con su campaña antidrogas, le lleve al banquillo por sus desmanes si queda al mando.
Pero hay más posibilidades sobre la mesa. Que Duterte, amigo de desdecirse, amenace con retirarse para despistar a quienes le acusan de querer modificar la Constitución para gobernar más allá de 2022, mientras combate a sus enemigos.
En un reciente mensaje a la nación, Duterte denunció un complot para derrocarle de sus rivales del proscrito Partido Comunista y los exmilitares del llamado grupo Magdalo, detrás de intentonas golpistas entre 2003 y 2007. El dirigente la ha tomado en especial contra un cabecilla de Magdalo, el senador Antonio Trillanes –también muy crítico con su campaña antidrogas-, acusado de rebelión después de que Duterte le retirara la amnistía que le concedió Aquino en 2011 por su participación en los levantamientos militares. Se trata del segundo legislador detenido durante su mandato, sumándose a la activista de los derechos humanos y senadora Leila de Lima, en prisión sin juicio desde febrero de 2017 por aceptar supuestamente sobornos de narcotraficantes, cargo que ella niega y considera una fabricación para dañarla.
Cansado o no de gobernar, Duterte parece decidido a protegerse mientras lo haga, tejiendo, por un lado, su red de influencias y, por otro, atacando despóticamente a sus opositores. “Todavía juega con ventaja. Es posible que acabe la legislatura y siga más allá de 2022”, anota Heydarian. Tanto si continúa él como si es su hija la que le sucede, hay algo claro: que aún pueden quedar años de dutertismo.

 

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