2020/11/16 Política

Buenos muchachos con déficit afectivo

Argentina
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Ni La Doctora, ni Sergio Massa, ni Alberto Fernández. Nadie evita que Máximo se inmole por un proyecto nabo.

Ni La Doctora, máxima accionista del Frente de Todos. Dama que no come vidrio.
Ni Sergio Massa, El Conductor, el rápido que ve debajo del agua, pero en el Riachuelo.
Ni siquiera Alberto Fernández, El Poeta Impopular, que se sacó en la calesita la sortija de presidente.
Ninguno de los tres puede evitar, a esta altura, que Máximo Kirchner, En el Nombre del Hijo, se inmole prematuramente con un proyecto nabo.
El “aporte solidario de las grandes fortunas”. «Por única vez».
Consta que a Máximo le costó un tiempo persuadir a los compatriotas que no es “el gordito de la Play”.
Que se trata del hijo de dos presidentes, La Doctora y El Furia.
Del líder de la única “orga” que mantiene una noción estratégica de poder y de ocupación de espacios.
Sea el PAMI, el ANSES o el CFI. La (Agencia de Colocaciones) Cámpora.
Para terminar inmolado en la cruzada divisoria, discriminatoria y adolescente.

Acompañado por Carlos Heller, El Banquero Progresista. Grandulón que no pudo instaurar, en su momento, la Dictadura del Proletariado.
Y acompañado por los incondicionales. O por Buscapinas que optan por estar cerca, para continuar con la eterna medialuna enarbolada.

Supuestos equivocados

Con el pretexto de la pandemia, aquí se movilizan supuestos moralmente equivocados. Para diluir la poda recaudatoria con la palabra solidaridad.
Significante (la solidaridad) que mantiene una armónica relación con el sentimiento, la nobleza y la generosidad.
Son atributos que se banalizan cuando la metodología es impuesta.
Una es solidaria cuando se le antoja. Cuando lo siente.
Nunca, arbitrariamente, cuando el Estado la obliga.
La solidaridad compulsiva no existe.
Otro supuesto erróneo es la tergiversación del significante “riqueza”.
O peor aún: el concepto de las “grandes fortunas”.
En terminología marxista se trata de la debilidad de la clase dominante.
Máximo y el Banquero planifican podar al discriminado que tenga más de 200 millones de pesos (en “términos fiscales”, se aclara. Una manera de asumir que las evaluaciones son truchas).
Los podadores de la solidaridad compulsiva consideran que el manotón, “por única vez”, alcanza a 9 mil discriminados por ricos.
En efecto, es poco más de un millón de dólares por falso rico. Para ser precisos 1 millón 150 mil.
Una gran fortuna, para los muchachos, es disponer de un palo.
En la práctica, los Podadores invitan a blanquear lo menos posible.
A vivir en estado “barrani”. En negro.
Deberían dedicarse, mejor, a crear riqueza. No a podarla.

Ayer fue primavera

“Ayer fue primavera”. Título de la película de Fernando Ayala, contiene el encanto del blanco y negro. Es de 1955, con Analía Gadé, Roberto Escalada y Duilio Marzio.
Hasta “anteayer” duró también, casualmente, la breve “primavera” del albertismo.
Es el tramo que se extiende entre dos elecciones externas.
Desde el triunfo de Arce, en Bolivia, a la derrota de Donald Trump, Estados Unidos.
Coincide con la misiva doliente de La Doctora, con la baja abrupta del dólar.
Con la distensión que reproduce la esperanza de disponer en diciembre de una vacuna contra la peste.
Pero de manera infantil desperdiciaron la primavera con el baión de la vacuna rusa.
Pudo notarse, con desencanto, que a Alberto ya no le hacen caso ni siquiera sus funcionarios.
Supo derrochar hasta su rol asignado de buen comunicador.
Ni siquiera pudo explotar su media hora de diálogo con Vladimir Putin.

Déficit afectivo

Bolivia derivó en una ceremonia sobreactuada de buenos muchachos con déficit afectivo.
Emotivos sentimentales que se abrazaban en la frontera del desencuentro, entre La Quiaca y Villazón.
Pero Estados Unidos aportó el punto culminante de la primavera. Marca el nivel de autoestima del presidente argentino.
En su aislamiento regional, perforado por Bolivia, buscó razonablemente perforar, sin suerte, la estrategia de Trump para el BID, Banco Interamericano de Desarrollo.
Estadista caprichoso. Alberto se resistió a aceptar una importante vicepresidencia para Argentina en el BID. La servía en bandeja Claver Carone, El Cubanito.
Vicepresidencia que no era para Gustavo Belíz, Zapatitos Blancos.
Era para otro Gustavo. Rozas. Pero consta que Alberto la rechazó.
Tomó el ofrecimiento del Cubanito como una compensación ofensiva.
Se agrandó Argentinos Juniors.

Pasión por las efemérides

Pese (o por) las chiquilinadas, el gobierno inmaduro se bancó desastrosamente la pandemia y está por cumplir un año. Falta la posteridad de otros tres.
Del peronismo conserva la pasión por las efemérides. Vaciados del presente, los muchachos se vigorizan con los réditos del pasado.
Del 17 de octubre, o el 27 de octubre, o el 17 de noviembre.
Del 17 de octubre quedó un acto olvidable. La exhibición de los fragmentos del peronismo de hoy.
Náufragos aferrados al tronco de la unificación contra la coalición adversaria de los náufragos de Juntos por el Cambio.
Argentina se encuentra inmovilizada por el naufragio del fracaso y del cansancio recíproco.
La fatiga del relativo peronismo de La Doctora impuso en 2015 a Mauricio Macri, El Ángel Exterminador.
El rotundo fracaso de Macri facilitó el acceso al poder relativo de Alberto.
Al que no se le permite -pobre- el derecho de fracasar en paz.
Del 27 de octubre quedó la carta del 26.
Para el 17 de noviembre se reserva la próxima fascinación de la poda.

Sin madurez, pero con berretines transformadores.
No hay para un cortado en jarrito con un vaso de soda pero se imponen la impostura de ser progresistas.
Lanzan proyectos que dividen abiertamente a la sociedad, justamente en la antesala de diciembre, el mes tradicionalmente más cruel.
En vez de sentar las bases vulgares del capitalismo tolerable, prefieren ahuyentan a los inversores que después de todo no existen.
Con la poda al que pudo conservar un miserable palo verde (en lenguaje fiscal).
Pero no todo está perdido. Persisten otros brotes divisorios que anticipan la tendencia natural hacia la confrontación.
Aún nos queda el aborto, la pugna entre los pañuelos verdes y los celestes.
Se vienen los discursos que pican sesos. A naufragar que se acaba el mundo.

Por Jorge Asís
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