2020/10/07 Política

La crisis como desafío y como oportunidad

Argentina
Enviar noticiaImprimir noticia

La ACSOJA y la CIARA le presentaron al gobierno una propuesta de inmediata implementación como respuesta a la crisis provocada por el supercepo en las últimas semanas

La Asociación de la Cadena de la Soja Argentina (ACSOJA) y la
Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (CIARA)
le presentaron al gobierno una propuesta de inmediata
implementación como respuesta a la crisis provocada por el
supercepo en las últimas semanas, que a través de una brecha
cambiaria del 100% entre el dólar oficial y los dólares alternativos
ha paralizado las exportaciones de granos, en especial las de soja.
Según los datos del Ministerio de Agricultura de la Nación, los
productores tienen en su poder más de 18.3 millones de toneladas
de soja sin vender -las cámaras estiman que son 26 millones de
toneladas las acopiadas en silobolsas-, además de que 8 millones de
toneladas del grano estrella del mercado mundial ya fueron
vendidas, pero con precio a fijar. Lo que esto significa es que
quedan sin liquidar granos por más de U$S 12.000 millones de la
campaña 2019/2020.
Esto sucede cuando el precio de la soja acaba de superar U$S 400 la
tonelada, el mejor valor de los últimos 2 años y ese notable
incremento del precio del grano en el mercado de Chicago se debe
fundamentalmente a la reaparición en gran escala de la demanda
china, que tras haber superado la fase recesiva que experimentó
enel 1er. trimestre del año (-6.8% t/t / -17% anual), desatada por la
pandemia del coronavirus, se apresta ahora a recuperar el boom de
consumo de los últimos 10 años.
La propuesta de las cámaras del sector consiste en el
establecimiento de un cambio diferencial para los productores
sojeros por un plazo determinado (1 año / 7 años). Implica reducir
las retenciones a la soja del 33% al 20% anual; y esto garantiza el

ingreso de U$S 8.600 millones (dólares genuinos provenientes de
exportaciones verdaderas) en el periodo 2020/2021.
El mantenimiento de este sistema en los próximos 7 años
significaría el ingreso de U$S 30.415 millones hasta 2027; y la
producción de soja pasaría de 53.1 millones de toneladas en el ciclo
2018/2019 a 68.5 millones de toneladas en 2027. Es un salto
productivo de 29% en sólo 7 años. Esto acarrearía 573.000 fletes
adicionales, y un incremento de la recaudación tributaria – vía
retenciones - de U$S 500 millones. Este cálculo habría que
multiplicarlo por 7 en el periodo previsto.
La crisis cambiaria tiene 3 componentes: a) una brecha del 100%
entre el dólar oficial y los alternativos ($74/$78 $150); b) la
profunda fractura del equipo económico entre el presidente del
Banco Central, Miguel Pesce –impulsor del supercepo ante la
desaparición vertiginosa de las reservas liquidas, puesto que
quedan U$S 6.000 millones que representan menos de 2 meses de
importaciones - y el Ministro de Economía Martin Guzmán; y c) una
honda crisis de confianza, cada vez más aguda, de inequívoca raíz
política.
El sistema político argentino es hiperpresidencialista por necesidad.
Es un sistema débil, con instituciones escasamente representativas,
que enfrenta una sociedad intensamente movilizada, donde todos
los sectores sociales tienden a llevar sus reclamos a la vía pública,
usualmente fuera de las instituciones.
En el sistema de poder gobernante desde el 10 de diciembre, el
poder político –decisiones básicas – está en manos de la
vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, que lleva adelante
exitosamente su propia agenda personal / judicial. Esto coloca al
presidente Alberto Fernández en una posición de subordinación y
creciente irrelevancia.

El resultado es que esto tiende a anular el hiperpresidencialismo
propio del sistema político argentino, que como es
estructuralmente débil concentra su escaso poder en el Presidente
de la Nación. Si éste no lo ejerce, se torna un ente carente de
contenido y la consecuencia es un creciente vacío de poder,
acompañado de la completa paralización del gobierno, que es la
situación actual y la causa directa de la crisis cambiaria.
La economía mundial ha vuelto a crecer en el 3er. trimestre del
año. EE.UU se expande a una tasa de 30% anual en este periodo,
según la Reserva Federal de Atlanta; y China ha recuperado en
plenitud el boom de consumo que la transformó en el eje de la
demanda mundial, por encima de EE.UU.
El coronavirus ha sido un shock absolutamente externo al proceso
de acumulación capitalista, que está intacto en términos orgánicos.
Su fenomenal recuperación es financiada por las de interés más
bajas de la historia (0%/1% anual). Nunca ha habido más capitales
disponibles para proyectos redituables que en este momento.
Puede haber un ingreso de más de U$S 8.000 millones en 2 años
provenientes de exportaciones de soja a un precio de U$S 400 la
tonelada o más.
Simultáneamente, el sector agroindustrial argentino, el más
competitivo del mundo, capaz de producir con los menores costos y
de la forma más sustentable del sistema global, integrado por 42
entidades de base agropecuaria, y en alianza con la Unión
Industrial Argentina (UIA), que nuclea a la industria manufacturera
del país, presentó una “Estrategia de Reactivación Agroindustrial
Exportadora Inclusiva, Sustentable y Federal”, para el periodo
2020/2030.
La única condición que reclama esta estrategia agroindustrial + UIA
es “…un programa de estabilidad fiscal y financiera a 10 años”,

sinónimo de una macroeconomía consistente y estable capaz de
unir en forma coherente los principales indicadores de la actividad
económica.
Por eso la prioridad absoluta de esta estrategia es el aumento
sostenido de las exportaciones en el largo plazo, no solo de las
agroalimentarias, sino de todas ellas, y en 1er. lugar las
manufactureras, lo que implica su reconversión, hasta lograr el
nivel de productividad y de innovación de la más avanzada, que es
la agroindustrial.
La razón de esta premisa esencial es que la principal restricción de
la economía argentina –el núcleo de su estancamiento y la raíz de la
crisis nacional- es la carencia de dólares genuinos producto de
ventas suficientes en el exterior.
De ahí la crisis crónica del sector externo, “el estrangulamiento de
divisas”, con las consiguientes devaluaciones masivas, fuga de
capitales, desaparición de la moneda nacional, y recesiones
profundas y periódicas, que hacen retroceder sistemáticamente el
ingreso per cápita de su población.
La raíz de la crisis del sector externo es estructural y reside en 2
factores: el 1ro., y fundamental, es que las exportaciones son
escasas en relación al producto (la Argentina exporta entre U$S
50.000 y U$S 80.000 millones anuales, con una población de 44
millones de habitantes que dispone del mayor nivel de ahorro per
cápita del continente: son U$S 440.000 millones los que los
argentinos tienen en el exterior o en cajas de seguridad, mientras
que Chile con una población de 18 millones exporta 3 veces más);
el 2do. es que hay un sólo sector significativo que vende al
exterior, que es el agroalimentario (+ de 2/3 de los bienes

exportados provienen del complejo agroindustrial, lo que significa
que 2/3 de la industria y los servicios no lo hacen).
De ahí que un rasgo característico de la economía argentina es que
la demanda es ampliamente superior a la capacidad productiva; y
como la regla que rige el PBI nacional es 3x1 (por cada punto que
aumenta el producto, las importaciones deben aumentar 3). Esto
desata periódicamente y por necesidad la crisis crónica del sector
externo, que se produce periódica e inexorablemente a partir de
1974 (la última ocurrió en abril de 2018).
El problema económico fundamental de la Argentina se manifiesta
en el orden de los factores: no hay incremento de las exportaciones
sin equilibrio macroeconómico (estabilidad fiscal y monetaria en
1er. lugar) y no hay equilibrio macroeconómico posible sin los
cambios estructurales que lo sustentan. Esto implica que no hay
macroeconomía estable sin un aumento sistemático de la
productividad, que sólo surge del cambio tecnológico y de las
modificaciones estructurales necesarias.
En definitiva, todo concluye en que el papel del Estado es esencial
como orientador y guía del desarrollo económico. Para eso se
necesita un Plan, que es ante todo una estrategia, que establezca el
rumbo, el sentido, la dirección de la política económica, y defina
nítidamente la inserción de la Argentina en el siglo XXI, que es el de
la revolución tecnológica, la integración digital del capitalismo y
una competencia global exacerbada, dentro de un sistema
hipercapitalista volcado a la 4ta. Revolución industrial.
Lo esencial del plan es la dirección (sentido/rumbo de los
acontecimientos), no la secuencia de las medidas. Y este rumbo
solo lo puede fijar quien tiene la autoridad política para hacerlo,

que el Presidente de la Nación, libre y legítimamente elegido para
hacerlo.
El problema central de la Argentina no son sus tremendos
desequilibrios macroeconómicos sino el vacío de poder. Y allí
donde está el mal está la respuesta. La conclusión es nítida: la
política es lo primero. Hay que definir, como una necesidad vital de
los argentinos, hacia adónde orientar la acción. Solo puede
responder a esta pregunta existencial el Presidente Alberto
Fernández, el mandatario legal y legítimo de los argentinos, lo que
implica dejar de lado el intento de Cristina Kirchner de conducir al
país, porque es un designio que no tiene final y que es sinónimo
seguro de crisis de gobernabilidad, que es la imposibilidad
definitiva de crecer en las condiciones del siglo XXI.

Por Dr. Jorge Castro
Enviar noticiaImprimir noticia

Dejanos tu comentario

NOTA: Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algun comentario violatorio del reglamento sera eliminado e inhabilitado para volver a comentar.
Enviar un comentario implica la aceptacion del Reglamento.