2018/05/21 Política

FLORA, LA GATA NACIONAL

Argentina
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ARGENTINA ES UN PAÍS CON HÉROES, ANÓNIMOS Y SINVERGÜENZAS FAMOSOS". - EDGARDO ANTOÑANA

Sobrevivimos al martes tan amenazadoramente negro y, en general, la
crisis cambiaria parece haber sido dejada atrás, al menos por el
momento. Pero la sociedad, esa que tanto adora a la mascota del título
deberá ponerse a pensar en serio acerca de qué país quiere habitar de
aquí en más, ya que el anterior, el del gradualismo en la
transformación financiado mediante deuda externa, se probó
absolutamente inviable cuando Estados Unidos puso en marcha esa
histórica aspiradora de fondos mundiales que es la tasa de interés de
los bonos de su deuda..

Está lógicamente extendida la convicción de la necesidad de reducir
el gasto público, que para sostenerse requiere de mantener un nivel de
impuestos que impide el desarrollo normal y registrado de la actividad
privada. Aunque no se hable demasiado de ello, la realidad nos dice que
gran parte del precio que pagamos por la energía y los combustibles
corresponde a todo tipo de tributos, esos mismos que robaron Cristóbal
López, Fabián de Souza y Ricardo Echegaray para financiar la
expansión del grupo económico cuya nave insignia fue Oil; es decir, si
pudiéramos reducirlos, terminaría la discusión por las tarifas de la
luz, el gas y el agua, y la nafta y el gasoil podrían venderse a
valores comparables a los del resto del mundo.

Pero está claro que donde más se percibe la enormidad de ese gasto es
en los subsidios, los salarios de los empleados públicos y en la
gigantesca masa de jubilaciones que el kirchnerismo regaló sin
justificación alguna, como no fuera poner en práctica el populismo e
intentar seducir a una clase media que, en definitiva, no lo acompañó.

Y en esa imprescindible batalla veremos, precisamente, cuánto estamos
dispuestos a tolerar el indispensable ajuste. Si, sin razón, los que
habitamos en las grandes ciudades padecemos enloquecedores piquetes
diarios, no quiero pensar qué sucederá cuando el Estado prescinda del
millón y medio de funcionarios de todo nivel o de los tres millones de
jubilados que Cristina Fernández puso injustificadamente sobre nuestras
ya cansadas espaldas de contribuyentes, o cuando la Justicia avance
definitivamente sobre Hugo Moyano y sus camioneros.

Porque, convengamos, la habitual hipocresía y la adquirida
esquizofrenia que padecemos piden a gritos que las autoridades repriman
esas permanentes violaciones al derecho a transitar libremente que todos
tenemos, pero repudiamos inmediatamente cualquier intento de ponerles
coto. A quienes protestan de ese absurdo e ilegal modo, que forman bajo
banderas rojas con la estrella de cinco puntas y la imagen del Che
Guevara, habría que preguntarles que creen que les pasaría si
intentaran cortar las calles de La Habana, de Caracas, de Moscú o de
Teherán.

La crisis de la que acabamos de emerger, más o menos indemnes, ha
servido ciertamente al Gobierno, aunque fuera al costo de perder caudal
político por recurrir al denostado FMI: se vio obligado a aceptar una
devaluación que ya se había mostrado más que necesaria, licuó la
deuda estatal en pesos, mejoró la competitividad de nuestras
exportaciones, devolvió la independencia al Banco Central y redujo la
importancia relativa del costo de la burocracia.

Pero todos esos beneficios no serán gratuitos, ya que a corto plazo
veremos extenderse las protestas de los empleados estatales que, esta
semana, fueron encabezadas por tristemente famosos "metrodelegados", los
bancarios y los "trabajadores de la educación" bonaerenses, todos
kirchneristas irredentos. ¿Estaremos dispuestos a soportar más
conflictos de ese tipo para tener algún futuro?

Un ejemplo parecido de nuestra duplicidad mental se vincula a la
seguridad pública. Todos, sin excepción pero, en especial, los más
pobres, estamos hartos de los delincuentes que nos roban y matan con
total impunidad. Sin embargo, reaccionamos repudiando a las fuerzas del
orden cuando éstas simplemente cumplen con su deber, como quedó
demostrado en el caso de Santiago Maldonado, el tatuador ahogado en
Neuquén, cuya muerte se pretendió masivamente imputar a la
Gendarmería.

Esta semana se "viralizó" un video filmado en una escuela de Brasil,
cuando un hombre armado apuntó, ignoro con qué fines, a los niños y a
sus madres que los esperaban a la salida: en segundos, una de ellas,
policía de franco, sacó su arma reglamentaria y disparó por sorpresa.
La mujer fue condecorada, ascendida y se ha transformado en una estrella
en un país que padece nuestros mismos males; aquí seguimos
persiguiendo judicialmente a Luis Chocobar, que mató a un asesino
frustrado cuando desobedeció la orden de alto. En resumen, pedimos más
seguridad, pero no aceptamos la represión del delito.

El Gobierno recibió un gigantesco apoyo mundial; que los Estados
Unidos, Europa, Brasil, etc., se amontonaran para respaldar las
políticas de Macri y apurar una definición del Fondo favorable a la
Argentina, tiene pocos antecedentes históricos. Y si a ello se le suma
el éxito alcanzado por el primer llamado internacional del programa de
Participación Público-Privada en la construcción de infraestructura
(recordemos que las condiciones ofertadas fueron, en promedio, 33%
inferiores a los costos máximos previstos por Vialidad Nacional),
podemos entender la satisfacción que traslució la actitud del
Presidente durante la semana.

Mauricio Macri ha aprendido la lección y, por primera vez desde que
Cambiemos llegó al gobierno nacional, ha puesto en duda el método de
comunicación que, sin duda, le permitió ganar elecciones imposibles
pero, quizás, no resultó útil para administrar. Como siempre se ha
dicho, la negociación es la base de cualquier democracia y, para una
coalición que carece de mayorías en las cámaras de H° Aguantadero,
resulta una esencial necesidad; la incorporación a la mesa de decisión
de importantes figuras del radicalismo y de la Coalición Cívica
permitirá, sin duda, una mejor tracción entre la Casa Rosada y la
sociedad.

El susto que pasamos hace pocos días repercutió también en la
oposición, a pesar de algunas posiciones -la idiota pretensión de
regular las tarifas, por ejemplo- adoptadas sólo para la foto. El
abismo estuvo demasiado cerca como para ignorarlo impunemente, y tal vez
todos hayamos aprendido a jugar menos con fuego.

Los gobernadores e intendentes deben entender, de una buena vez, que
ahora la perinola cayó en "todos ponen", y dejar de lado las actitudes
que convalidan la necesidad de apretar el cinturón siempre que no sea
el propio; no podemos seguir tirando manteca al techo mientras pedimos
plata al mundo para pagar esas insensateces. Seguir pretendiendo ejercer
el poder con métodos populistas, con falsos e imposibles regalos, sólo
nos hará mantener el rumbo de degradación y decadencia que la
Argentina escogió desde hace más de siete décadas y que nos ha
convertido casi en un país inviable.

Bs.As., 19 May 18

Por Dr. Enrique Guillermo Avogadro
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