2018/05/28 Economía

Cerrar trato con el FMI y después con la oposición

Argentina
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El Gobierno no quiere que el Congreso se meta en la discusión por el auxilio financiero. El peronismo, tampoco. Una reivindicación para Sturzenegger y Monzó. Los radicales convocan a una mesa de economistas.

“El lugar para discutir el acuerdo (con el Fondo) es el presupuesto”, no s e cansa de repetir el rionegrino Miguel Pichetto. La vuelta de Emilio Monzó a la mesa chica de las decisiones es interpretada por algunos como “una reivindicación”.

El Gobierno no sentará a nadie de la oposición para negociar nada hasta que no haya cerrado el acuerdo de auxilio financiero con el FMI. Esta decisión encierra toda una estrategia y un método. Primero, es admitir que será un plan de ajuste y que hasta que no sepan la dimensión no pueden pedirle a nadie que comparta el costo de ese nuevo corsé. Tampoco nadie en la oposición se mata por asociarse a ese rumbo que puede ser una receta necesaria y comprensible pero tiene un sabor amargo que nadie quiere probar. Esas instrucciones son las que llevaron los delegados del Gabinete -Marcos Peña, Rogelio Frigerio- a la mesa de los gobernadores, que debutó en la cena del viernes. El trato con el FMI aportará el primer capítulo de los acuerdos que propuso Mauricio Macri a los gobernadores y legisladores del peronismo, con quienes habló en la última semana. El formato del presupuesto 2019 es el que quieren conversar con la oposición, de manera de volcar allí un plan de responsabilidades compartidas para bajar el déficit y repartir los beneficios y las cargas del ajuste. La idea es superar la rutina habitual de dibujar un proyecto de presupuesto en el Ejecutivo y después someterlo al loteo partidario en el Congreso para lograr los votos necesarios. El Gobierno entiende que su suerte depende de este tramo de la gestión, y se abraza a los gobernadores opositores para atarlos a un destino común. En esto el oficialismo logró un entendimiento previo: no quiere que el Congreso se le meta en la negociación con el FMI, y el bloque peronista del Senado admitió, por boca de Miguel Pichetto, que lo último que haría la oposición es entrar en esa conversación con el fatídico FMI. “El lugar para discutir ese acuerdo es el presupuesto 2019”, no se cansa de repetir el rionegrino Pichetto.

Presiones por el futuro de AYSA

Habrá otros capítulos de ese acuerdo que nace del piletazo financiero que nos lleva al FMI. Uno, que ya es objeto de discusiones sordas entre Gobierno y oposición, es el destino de la empresa AYSA, que en el actual presupuesto nacional tiene una partida de cerca de $15.000 millones para atender al AMBA (Área Metropolitana de Buenos Aires). Los gobernadores peronistas cabalgan la idea de que esa empresa, que sirve agua y saneamiento a dos distritos, CABA y Buenos Aires, deje de recibir fondos que ponen todas las provincias y pase a ser financiada por las administraciones macristas de María Eugenia Vidal y Horacio Ro-- Rodríguez Larreta. La cabecera de este proyecto es Juan Schiaretti, en representación del resto de los mandatarios, y en eso van a contar con la disciplina de sus legisladores, no como en la votación de tarifas en Diputados, en donde ni las esposas fueron solidarias con maridos gobernadores. Es otro frente del ataque del interior al Gobierno federal, por la desigualdad que implica que las provincias paguen servicios más caros que el área metropolitana, que está sobresubsidiada. No es algo que les guste a todos. En el peronismo nadie quiere hablar para no abrir un frente de disidencia con José Luis Lingeri, sindicalista que tiene vara alta en AYSA y, pese a los recortes de atribuciones, pesa en el sistema de obras sociales. De lado del oficialismo admiten: “No vamos a poder eludir ese debate en el nuevo presupuesto”, dice Rogelio-Frigerio, encargado de atender estas changas ante el peronismo de las provincias.

El que no llora, no mama

El Gobierno entra en este round acuerdista con el paso cambiado. Mientras no se demuestre lo contrario, la autoridad de Macri está en recomposición. En política, la voluntad es menos importante que la necesidad, que es la que manda en las decisiones. Macri había avalado el recorte de atribuciones al presidente del Banco Central, que significó aquel retablo del “Día de los Inocentes” (el 28D), cuando se modificaron las metas de inflación. También había consentido el despido de Emilio Monzó del sistema decisorio, aun después de las elecciones legislativas que le dieron un triunfo a Cambiemos. En cuatro meses, la respuesta del mercado fue, como diría Federico Sturzenegger, de censura. Entendió que el Gobierno avanzaba sobre el Central, como antes Cristina de Kirchner sobre Martín Redrado, y que la coalición entraba en cisma porque desplazaban a Monzó, el hombre que urdió la victoria del oficialismo en Diputados. Estos dos hechos políticos no eran el mejor ingrediente para acompañar la evolución de la agenda económica en un mundo más complicado para la Argentina. Los dos figuran en todos los comentarios de los analistas que se distribuyeron en el último mes, como explicación del clima pesimista sobre el país. Macri desandó las dos medidas.

De brazos torcidos

En la conferencia del miércoles le dio la derecha a Sturzenegger en la pelea contra la inflación, y admitió que el 28D había mostrado falta de coordinación. Antes de todo eso, había acordado con Alfredo Cornejo el armado de la nueva mesa de los aliados de Cambiemos y había ordenado la reivindicación de Monzó. Para unos fue necesidad, pero para otros protagonistas del Gobierno, esas medidas de Macri le fueron arrancadas con maniobras audaces de Sturzenegger y Monzó. El primero, en esa percepción de sus adversarios en el área presidencial, sobreactuó el reto del 28D para victimizarse ante el mercado y sostener su hipótesis de que las metas de inflación, que venían de la gestión de Alfonso de Prat-Gay, eran la clave de salida de la emergencia heredada del gobierno anterior.

Logró que Macri le devolviera las jinetas el miércoles. ¿Una reivindicación? Para algunos, ésa es la letra, pero con la música de un ultimátum. Lo de Monzó es más descarado, por peronista. Su grito de soledad llegó a todas las latitudes, como el ruido de su portazo. Terminaron llamándolo de nuevo porque apareció como uno de los factores de desconfianza en los informes de coyuntura que leen los inversores, que están fechados en Wall Street pero que todos saben que se escriben por acá. ¿Le gusta a un presidente que le tuerzan el brazo? Peor es que, además, una decisión necesaria y racional parezca eso. Por Monzó se ha brindado en sobremesas, en las que sus admiradores se regocijan de la habilidad con que la hizo.

Reaparece Urtubey

Otro que no tiene reelección en su provincia y ya está pagando su campaña presidencial es Juan Manuel Urtubey, que reaparecerá la semana que viene junto a Pichetto en la presentación de una revista del peronismo moderado, que inspira Oscar Lamberto. Le viene bien esta instalación junto al “peronista no cristinista” que en Diputados conduce un delegado de él: Pablo Kosiner. Lo auxilia el campañólogo español Antonio Solá, que ya pisó antes estas costas para darle una mano a Sergio Massa. Es un experto en campañas del centro derecha (tuvo en sus manos el destino de José María Aznar, Mariano Rajoy y Juan Manuel Santos, entre otros). Es el consejero de sus últimas declaraciones sobre la economía macrista, que se sintetiza en: 1) Él nunca hubiera ido al FMI; y 2) Los problemas de la Argentina no se arreglan sólo con política monetaria. Habrá que seguir estudiando, porque en cualquier momento le van a pedir que pase la otra cara del disco, en donde debe figurar lo que propone, no lo que critica.

Massa toma clases de FMI

En esa búsqueda están los primos del massismo, que encontraron una luz encendida en el economista Sergio Chodos, hijo de Gregorio, empresario que falleció el año pasado y a quien Macri consideraba un mentor. Este Chodos fue funcionario del anterior gobierno, al que asistió en el manejo de los fondos de la Anses y terminó de representante ante el FMI. Por esa experiencia reclamaron su asesoría Sergio Massa, Diego Bossio y Marco Lavagna, que escucharon su escenario sobre la negociación que ha emprendido el Gobierno. Les explicó el menú de posibilidades de ayuda a las que puede acceder la Argentina, pero les advirtió que el FMI no va a plantear condiciones ni planes incumplibles. Su experiencia le hace creer que no va a dejar caer a Macri en la desgracia.

A los radicales le sobran economistas

Los radicales se concertaron para juntar materia gris económica para aportarle a la nueva singladura junto al macrismo. Calladamente convocaron a un grupo de expertos para un primer debate sobre la coyuntura. El ideólogo - se reconozca o no - de este nuevo formato es Jesús Rodríguez, hoy auditor de la Nación. Es autor de un escrito sobre las experiencias de coalición que deberían inspirar al actual gobierno (Alemania, Chile), que parecen haber leído algunos personeros del Gobierno. Ese escrito circuló en la prensa y por la red de corresponsales de Rodríguez, animador hoy de la Fundación Alem, sello en el cual ha canalizado su estrategia su partido. La reunión ocurrió el martes y aportaron Eduardo Levy Yeyati, consultor y académico; el economista Eduardo Carchiofi; Maximiliano Castillo, experto en presupuesto que trabaja en la Jefatura de Gabinete; los legisladores Negri, Luis Naidenhoff y el nuevo monitor del partido en las mesas chicas, Ernesto Sanz; y alguno más. La intención del grupo es participar de una reunión amplia de economistas de todos los partidos de la coalición para mostrar que el Gobierno podrá tener problemas pero que le sobran economistas.

Por IgnacioZuleta
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